“Simón”: Una mirada cruda a las protestas venezolanas, ahora en Netflix

La película venezolana "Simón", que retrata las protestas de 2017 y sus repercusiones, ya está disponible en la plataforma de streaming Netflix.
Película Simón en Netflix

La película venezolana “Simón”, que retrata las protestas de 2017 y sus repercusiones, ya está disponible en la plataforma de streaming Netflix.

La ópera prima del director venezolano Diego Vicentini estuvo nominada a los Premios Goya como mejor película iberoamericana, y ha obtenido excelentes críticas gracias a que la trama denuncia la fuerte represión y violaciones de derechos humanos en el país.

Simón narra la historia de un joven estudiante, interpretado por Christian McGaffney, que se ve envuelto en la lucha por la libertad en Venezuela. Tras ser víctima de la represión y la tortura por parte del régimen, se ve obligado a huir del país y buscar asilo político en Miami.

La película ha sido aclamada por la crítica por su crudo realismo y su mensaje inspirador. Ha ganado varios premios en festivales internacionales de cine y se ha convertido en un símbolo de la resistencia venezolana.

En Netflix, Simón está disponible en español con subtítulos en inglés.

¿Quién es Simón?

La película, para situarnos, cuenta la historia de Simón, un joven estudiante exiliado en Miami. Desde ahí, el protagonista interpretado con visceralidad por Christian McGaffney recuerda lo sucedido en las revueltas de 2017 en Venezuela. Le duele la memoria de todo lo perdido y de todo lo sufrido. Y le duele aún más el sentimiento de culpa que arrastra desde la distancia.

«Yo me fui a los 15 años de Venezuela con mi familia y no viví nada de lo que vive el estudiante de la película. Tengo una vida privilegiada. No me fui andando y solo por la frontera como tantos otros. Y, sin embargo, comparto con mi personaje el hecho de sentirme culpable, de no estar allá. Mientras yo estaba Los Ángeles hablando de Hitchcock, en mi país estaban matando gente de mi edad. Tengo 29 años y recuerdo asistir desde las redes sociales al momento en el que parecía que iba a cambiar algo. Fueron 130 días de protestas. Al final, ganó la impotencia a la esperanza», confiesa.

Sin tabués

Simón no ahorra al espectador nada. La imagen de las torturas están ahí para hacer daño. Es drama que, por momentos, se disfraza de cuento de fantasmas, pero sobre todo es denuncia que aspira a ir más allá del aquí y ahora venezolano. «En realidad, la culpa acompaña siempre al exiliado. He enseñado la película en toda Latinoamérica y el sentimiento es compartido», insiste a modo de corolario.

En cualquier caso, Vicentini, vuelta al inicio, tiene claro lo de la política de su cine. Y de ahí su urgencia por formar parte del debate en su país. «Ningún régimen se autodestruye o desaparece voluntariamente. Solo la presión internacional hará posible unas elecciones justas. Porque los cambios que se han visto hasta ahora son superficiales. Se vive con miedo… Falta el agua, la gasolina se distribuye en botellas, la luz se va constantemente. Ahora mismo el país subsiste gracias a los ocho millones de exiliados que mandamos divisas. Sí, no hay tanta escasez ni tanta inseguridad ni tanta pobreza… Pero porque nos hemos ido todos. No hay a quien robar», dice.

-¿No le reconoce nada al chavismo? Aunque solo sea para disponer de la posibilidad de dialogar con él.

-Eso es imposible. Lo que hizo Chaves fue conectar con la pobreza del país, pero rápidamente se vio que mentía y lo primero fue cerrar periódicos… No es en socialismo del siglo XXI, sino un régimen corrupto y represor. Nadie de izquierdas o derechas quiere que la gente sufra. Hay sistemas fallidos y Venezuela lo es.

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