
En exclusiva para El País, Nicolás Maduro Guerra narra la caída de su padre en un armario de madera. Su nueva vida espiritual en Brooklyn y admite “excesos” del chavismo.
La madrugada del 3 de enero de 2026 transformó la realidad política venezolana tras un bombardeo que forzó la captura del entonces presidente Nicolás Maduro.
En una entrevista exclusiva con el diario español El País, su hijo Nicolás Maduro Guerra relata los detalles de una noche marcada por el caos y la vulnerabilidad absoluta.
El joven diputado confiesa que el círculo íntimo del mandatario lo dio por muerto durante horas de incertidumbre, tras recibir un audio de despedida.
Actualmente, el exgobernante permanece recluido en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, donde su rutina diaria ha dado un giro radical hacia la espiritualidad y la lectura.
Desde su celda neoyorquina, el antiguo hombre fuerte de Caracas dedica sus minutos de comunicación a discutir pasajes bíblicos y obras literarias con su familia bajo vigilancia constante.
El relato de la captura desmitifica las leyendas sobre búnkeres inexpugnables que la propaganda oficial alimentó durante años en el país caribeño.
Nicolás Maduro Guerra describe con crudeza cómo localizaron a su padre en una vivienda carente de blindajes, donde intentó ocultarse en un simple armario de madera.
Durante el arresto, las fuerzas especiales volaron la puerta de un disparo y provocaron lesiones físicas considerables al mandatario y a su esposa, Cilia Flores.
Esta escena de vulnerabilidad extrema retrata el colapso de un liderazgo que careció de la protección que tanto pregonaba en sus discursos públicos.
La imagen del líder atrapado entre muebles domésticos simboliza, para muchos analistas, el ocaso definitivo de una estructura de poder que se desmoronó ante el primer golpe certero de sus adversarios.
La conveniente distancia política de Nicolás Maduro Guerra
En la actualidad, Nicolás Maduro Guerra preside la Comisión de Política Interior, desde donde intenta proyectar una imagen de renovación generacional y autocrítica moderada.
Con una ligereza que sorprende a la opinión pública, el diputado admite haber observado ciertos “excesos” en el sistema penitenciario que ahora le toca supervisar institucionalmente.
Esta retórica busca limpiar su imagen personal al desmarcarse de las decisiones más oscuras ejecutadas bajo el mando directo de su progenitor durante la última década.
Al afirmar que carecía de poder real debido a su juventud, el legislador intenta heredar el capital político del partido sin cargar con las culpas éticas.
Esta estrategia de supervivencia política pretende vender la idea de una nueva etapa ajena a las violaciones sistemáticas documentadas por organismos internacionales.
Su familia no posee grandes fortunas ni propiedades ocultas
Pese a las graves acusaciones de corrupción, el hijo del exmandatario sostiene con firmeza en la entrevista que su familia no posee grandes fortunas ni propiedades ocultas.
Nicolás Maduro Guerra asegura que el único patrimonio real de sus padres es un apartamento modesto adquirido hace años en el sector de El Paraíso.
Según su testimonio, el exmandatario no maneja testaferros ni cuentas millonarias, enfocando su defensa legal en acuerdos políticos de alto nivel entre Caracas y Washington.
Mientras tanto, el antiguo líder ocupa sus días estudiando el código penal de Nueva York y siguiendo eventos deportivos como los partidos del FC Barcelona.
La familia apuesta ahora por una resolución diplomática que permita el retorno de la pareja presidencial. Mientras el equipo de defensa intenta navegar un proceso judicial complejo en territorio estadounidense.
Para profundizar en los detalles de este histórico testimonio, te invitamos a leer la noticia completa en El País.
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