
Un análisis de Juan Carlos Pinto sobre cómo el chavismo transformó la política venezolana en una guerra asimétrica, aplicando la Estrategia Fabiana y la lógica de guerrilla para preservar el poder.
En la teoría política clásica, Carl von Clausewitz acuñó la famosa premisa de que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.
Sin embargo, el fenómeno político venezolano del chavismo invirtió esta ecuación: ha convertido la política interna en un escenario de guerra asimétrica de baja intensidad, aplicando doctrinas militares tradicionales a la preservación del poder frente a sus adversarios internos y presiones internacionales.
Entender la longevidad del chavismo en el poder requiere abandonar la visión convencional de la competencia democrática e interpretarla bajo dos doctrinas militares fundamentales: la Estrategia Fabiana y la lógica defensiva de la guerra de guerrillas.
1. La Estrategia Fabiana: Atrición, “guerra de nervios” y desmovilización
La Estrategia Fabiana —asociada al cónsul romano Quinto Fabio Máximo en su combate contra Aníbal Barca— propone evitar batallas decisivas y ganar tiempo mediante la dilatación, el hostigamiento sistemático y la atrición (desgaste). En el terreno bélico se busca agotar los suministros del enemigo; en la política venezolana, el objetivo principal ha sido agotar el capital político, la capacidad logística y la voluntad psicológica de la oposición.
Mecanismos de dilatación y hostigamiento
Maniobras de dilatación institucional: Ante crisis políticas o electorales, el chavismo nunca actúa con prisa. Utiliza el control de los tiempos institucionales para enfriar los momentos de alta tensión social, postergar procesos o alargar negociaciones hasta que el entusiasmo opositor decaiga.
Guerra de nervios y desmovilización: Mediante decisiones judiciales intermitentes, inhabilitaciones administrativas, citaciones periódicas o inhabilitación de partidos, el oficialismo mantiene a sus rivales en un estado permanente de incertidumbre. Esto fuerza a la oposición a reaccionar en lugar de proponer, desgastando su cohesión interna.
Fragmentación del adversario: Al no aplicar un colapso frontal sobre sus opositores, sino un hostigamiento dosificado, genera divisiones internas sobre si participar o abstenerse, negociar o protestar. El tiempo se convierte en una herramienta para desarticular al rival sin la necesidad de un costo político masivo e inmediato.
2. La lógica de la guerrilla en el poder: “Ganar es no perder”
Durante la guerra de Vietnam, Henry Kissinger inmortalizó el principio de las guerras asimétricas: “El ejército convencional pierde si no gana. La guerrilla gana si no pierde”.
El chavismo, con raíces ideológicas en los movimientos de izquierda del siglo XX, ha sabido aplicar la mentalidad insurgente aun siendo la fuerza gubernamental.
A. Agotamiento de la voluntad de combatir
Para la guerrilla, el objetivo no es aniquilar físicamente al ejército regular, sino quebrar la voluntad política de su sociedad o patrocinadores. Aplicado a la política:
El oficialismo no necesita convencer a la mayoría de la población de su gestión económica o social; le basta con convencerla de que el cambio es imposible.
Al extender el conflicto político indefinidamente, la sociedad experimenta fatiga, derivando en apatía, resignación o migración, reduciendo la presión interna sobre la estructura de poder.
B. Asimetría de costos
Mantener la resistencia política tiene un costo estructural relativamente bajo para un grupo cohesionado con acceso al aparato estatal. Por el contrario, para la oposición civil o las potencias internacionales que aplican sanciones, mantener la presión constante requiere un despliegue masivo y prolongado de recursos e interés público que rara vez es sostenible a largo plazo.
C. Control territorial y mimetización
A nivel territorial, el chavismo ha construido redes de control social y de base que operan de forma capilar. Esta presencia institucional y comunitaria le permite monitorear el entorno, aislar focos de protesta y mantenerse cohesionado frente a embates electorales o presiones externas.
El triunfo del objetivo político
La historia militar enseña que la victoria en una conflagración raras veces es un evento estrictamente técnico o militar, sino la imposición de una voluntad política; la cortina de humo de esta estrategia ha sido las comunicaciones.
Al asimilar tácticas de desgaste continuo y la máxima insurgente de que mantenerse en pie equivale a triunfar, el chavismo estructuró un modelo donde el objetivo principal no es la eficiencia de la gobernanza, sino la supervivencia en el poder.
Mientras sus opositores han buscado batallas decisivas y soluciones rápidas, la estrategia de atrición ha demostrado que, en la política asimétrica, quien domina el tiempo suele dominar el desenlace.
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