
El escenario político venezolano hierve tras las elecciones del 25 de mayo. La reforma constitucional y electoral anunciada por el Ejecutivo sacude las fibras de la sociedad, prometiendo cambios que podrían redibujar el futuro del país. John Magdaleno, consultor político y analista, advierte que esta propuesta no solo pone en jaque a la oposición, sino también a sectores del chavismo. En un contexto de tensiones, su voz resuena: es hora de que las bases, no las élites, tomen las riendas del cambio político que Venezuela anhela con urgencia.
Magdaleno, con su claridad habitual, conversó con contrapunto.com tras el foro “Elecciones del 25 de mayo: Análisis y perspectivas” en la Universidad Central de Venezuela. Sus palabras destilan preocupación, pero también esperanza. La verdad es que el politólogo no se anda con rodeos: la reforma constitucional es una “amenaza existencial” que podría unir a sectores diversos en un diálogo necesario. Y es que, para él, el cambio no vendrá de cúpulas, sino de un pueblo que clama por democracia.
Reforma constitucional: Un peligro que une
La reforma constitucional, según Magdaleno, no es un tema menor. “No solo afecta a la oposición, también inquieta a sectores del chavismo”, sentencia. Imagina un tablero de ajedrez donde cada movimiento del Ejecutivo genera reacciones inesperadas. Esta propuesta, anunciada en plena efervescencia electoral, podría fracturar la coalición dominante. Pero, cuidado, también es una oportunidad. ¿Cómo? Porque abre la puerta a un diálogo entre las bases de todos los sectores. “Hablo de las bases, no de las élites”, insiste, como si quisiera grabarlo en la mente de todos. La historia, dice, nos enseña: en 1958, Venezuela demostró que la unión popular puede derribar muros autoritarios. Hoy, ese espíritu debe resurgir.
La Democracia desde abajo
Magdaleno no se queda en diagnósticos. Propone una redemocratización desde abajo, desde la calle, desde el vecino que sueña con un país plural. Critica la socialización autoritaria de los últimos 26 años, que ha moldeado prácticas antidemocráticas tanto en el poder como en algunos sectores opositores. “No somos autoritarios por naturaleza”, aclara, desmontando mitos. Pero advierte: sin instituciones democráticas, la cultura política se tuerce. Por eso, urge establecer reglas claras, procedimientos transparentes. Solo así, asegura, podremos tejer una democracia que no sea solo un sueño, sino una realidad palpable, como el café que compartimos al amanecer.
Elecciones y protesta: Oportunidades perdidas
El 28 de julio, la participación electoral masiva mostró que el 70% del país quiere cambio. Pero, ¡vaya decepción! La protesta espontánea que siguió no tuvo el respaldo de un liderazgo que, según Magdaleno, dejó sola a la gente. “No es lo mismo reprimir a 10.000 que a un millón en la calle”, reflexiona, con un dejo de frustración. Las elecciones, insiste, son un catalizador, pero solas no bastan. Hacen falta canales de negociación, presión externa y, sobre todo, una movilización que no se apague. La reforma constitucional, en este sentido, podría ser el disparador que despierte a un país adormecido por la desconfianza.
Diálogo y justicia: El Camino forward
Magdaleno no esquiva las preguntas difíciles. ¿Cómo lidiar con la impunidad si se negocia con el poder? “Queremos justicia, pero primero hay que restaurar el Estado de derecho”, responde con firmeza. Propone incentivos y garantías para facilitar una transición, aunque suene impopular. “Un quinto de los líderes autoritarios termina asesinado o encarcelado tras dejar el poder”, recuerda, no como amenaza, sino como dato crudo. La clave, dice, está en articular una presión desde abajo que obligue al régimen a ceder. La reforma constitucional, con su sombra amenazante, podría ser el empujón que una a chavistas y opositores en un grito común: ¡basta ya!
El politólogo nos deja un mensaje claro: el cambio no vendrá de arriba. La reforma constitucional es una encrucijada, pero también una oportunidad para que las bases, esas que vibran en cada esquina de Venezuela, construyan un país plural. ¿Estamos listos para dar el paso?
Con información de Contrapunto.com
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