
Todos conocemos el experimento mental del gato de Schrödinger: una paradoja de la mecánica cuántica en la que un gato puede estar vivo y muerto al mismo tiempo, hasta que alguien abre la caja y observa la realidad.
En la Venezuela posterior al 3 de enero —el llamado 3E— parece haberse instalado una versión política de esa paradoja: la del “presidente de Schrödinger”.
Tras los hechos del 3E, cuando Nicolás Maduro fue extraído del país mediante una operación militar tan precisa un reloj suizo, generando una fractura inédita del poder. Desde entonces, el país parece moverse en una ambigüedad institucional mayor y difícil de resolver. Por un lado, Maduro ejercía de hecho la presidencia tras unas elecciones ampliamente cuestionadas; por otro, con su ausencia física ahora y procesamiento judicial en Estados Unidos lo colocan en una situación inédita.
Hay quiénes optan por una posición dual: reconocen una autoridad interina derivada de Maduro en Venezuela, mientras procesa a Maduro como un ciudadano común, negándole en la práctica cualquier inmunidad propia de un jefe de Estado porque no reconoce la elección.
Así surge la paradoja:
¿era Maduro presidente o nunca lo fué?
Dentro del marco venezolano, mientras no se declare formalmente su “imposibilidad física” para ejercer el cargo, la figura podría seguir existiendo jurídicamente.
Pero en la práctica, el poder se ejerce sin él. Se configura así una superposición política: un presidente que está y no está al mismo tiempo.
Este vacío no es solo jurídico, es profundamente político. La falta de una decisión clara por parte de la Asamblea Nacional mantiene cerrada la “caja” de Schrödinger institucional. Mientras no se abra —es decir, mientras no se asuma una definición clara sobre la legitimidad del poder— la incertidumbre seguirá siendo el estado dominante.
Y esa incertidumbre es consecuencia de la falta de legitimidad electoral reconocida por todos, sin claridad institucional y sin inmunidad efectiva, cualquier figura de poder queda suspendida en el aire. Como advierten diversos análisis recientes, sin un mandato popular verificable no hay estabilidad posible ni reconstrucción sostenible del país.
La pregunta clave entonces no es solo jurídica, sino existencial para el Estado venezolano:
¿Puede haber una presidencia interina si no está claro de qué presidencia se parte?
Maduro, en este contexto, no puede ser simultáneamente presidente y no serlo… salvo en esta peculiar realidad política donde la observación —la decisión institucional— aún no ocurre.
Hasta que la Asamblea Nacional “abra la caja”, la paradoja seguirá intacta:
un poder sin legitimidad definida, una autoridad sin reconocimiento pleno y un país suspendido sin estado de derecho.
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