
Hoy en día tenemos cuatro temas que copan la realidad venezolana en estos tiempos convulsos y complejos que vivimos: (1) la situación salarial, que lleva tres años sin actualizaciones, lo cual es insostenible para los trabajadores y sus familias; (2) las anunciadas elecciones para el 25 de mayo, con la página del CNE caída, que no muestra signos de recuperación. Tampoco sabemos si los rectores del ente comicial serán los mismos después del desbarajuste del 28-J, cuya reputación salió maltrecha; (3) la bendita reforma constitucional propuesta por el gobierno madurista, pero que aún no sabemos para qué y cuáles son los artículos que se proponen reformar; y (4) la situación de la contienda limítrofe con el Esequibo, ante la explotación petrolera de ExxonMobil en áreas no delimitadas.
Además de las recurrentes amenazas del presidente de la República Cooperativa de Guyana y su apoyo declarado de EE. UU. y del Reino Unido, hay presencia del Comando Sur, y en los días recientes, una embarcación inglesa surcó esos espacios marítimos.
Son cuatro temas contundentes, apocalípticos y controvertidos que deberían ameritar un consenso nacional desde los puntos de vista político, social y hasta del sentido común. Sin embargo, vemos con preocupación que parece que por ahí no van los tiros. En la Venezuela de hoy, tenemos tres estancos políticos bien definidos: (a) el madurismo; (b) un sector de la oposición variopinto con matices, algunos le hacen el juego al madurismo y otros no, diríamos que son equidistantes del madurismo y de la derecha; y (c) un sector opositor de la derecha, partidario de las sanciones y del intervencionismo foráneo. Este es el marco definido de los sujetos partidistas que conforman el espectro político nacional.
Los estancos (a) y (c) han venido desarrollando una acción política antagónica de enfrentamiento radical, marcada por el odio. Los intentos de diálogos, que sí han existido, tanto dentro como fuera del país, han terminado en acuerdos que nadie cumple, en fracasos rotundos. Eso ha sido así en el pasado reciente, pero creemos que la realidad nacional, en su dinámica política y social, genera nuevos escenarios. Como dice una conocida frase de una bella canción del cantautor español Joan Manuel Serrat: “Caminante, no hay camino; se hace camino al andar, y al volver la vista atrás se ve la senda por donde nunca debemos volver a pasar.” Seamos optimistas.
Mariano Crespo (*) Miembro activo de la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución (PCDC)
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