
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generó controversia internacional este 27 de febrero de 2026 al sugerir públicamente la posibilidad de una “toma amistosa” (friendly takeover) de Cuba, en medio de una profunda crisis económica y energética en la isla.
En declaraciones improvisadas a la prensa frente a la Casa Blanca, antes de partir hacia Texas, Trump afirmó que el gobierno cubano “está hablando con nosotros” y describió a la nación caribeña como una “nación fallida” sin dinero ni recursos. “Están en grandes problemas. No tienen dinero, no tienen nada ahora mismo, pero están hablando con nosotros y quizás tengamos una toma amistosa de Cuba. Podríamos muy bien terminar teniendo una toma amistosa de Cuba después de muchos, muchos años”, declaró el mandatario.
Trump mencionó que su secretario de Estado, Marco Rubio, está gestionando los contactos “a un nivel muy alto” y calificó la perspectiva como “algo muy positivo” para la comunidad cubano-estadounidense, incluyendo a quienes fueron expulsados de la isla y desean regresar. No precisó detalles sobre qué implicaría exactamente esta “toma amistosa” —un término sin definición formal en derecho internacional—, pero el comentario se produce en un contexto de intensas presiones estadounidenses, incluyendo un bloqueo energético que ha agravado la escasez de combustible en Cuba.
El gobierno cubano no ha confirmado oficialmente las conversaciones mencionadas por Trump, y fuentes cercanas al régimen han negado cualquier negociación de alto nivel que implique cesión de soberanía. Sin embargo, la grave crisis interna —con apagones masivos, escasez alimentaria y éxodo migratorio récord— ha debilitado al régimen, alimentando especulaciones sobre posibles escenarios de transición o cambio forzado.
Las declaraciones han provocado reacciones inmediatas: en Miami, sectores del exilio cubano las celebraron como un paso hacia la “liberación” de la isla, mientras que críticos internacionales las calificaron de provocación imperialista y violación del principio de no intervención. Analistas advierten que el comentario podría escalar tensiones en el hemisferio, especialmente tras la reciente intervención en Venezuela que depuso a Nicolás Maduro.
Por ahora, la Casa Blanca no ha emitido aclaraciones formales, dejando abierta la interpretación de si se trata de retórica negociadora, presión máxima o una real propuesta de transición controlada. El episodio marca uno de los momentos más audaces de la política exterior de Trump en su segundo mandato hacia América Latina.



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