
En Venezuela – Caracas, cientos de chavistas se congregaron, armados, dispuestos a defender su país, mientras líderes los exhortaban a resistir con fervor. Oradores apasionados, micrófono en mano, llamaban a proteger la nación ante la presencia de buques de guerra estadounidenses en el Caribe.
La periodista Julie Turkewitz, con una rara visa para reporteros extranjeros, exploró Venezuela durante una semana de alta tensión.
La administración Trump intensificó su retórica contra Nicolás Maduro, acusándolo de liderar una organización terrorista y de inundar Estados Unidos con drogas.
La escalada, con barcos militares y amenazas públicas, genera temores de un posible ataque, incursiones o un conflicto mayor, mientras empresarios y diplomáticos lamentan la falta de diálogo entre ambos países.
Buques de guerra y acusaciones contra Maduro
Estados Unidos afirmó haber interceptado tres embarcaciones de narcotráfico en el Caribe, dos de origen venezolano, como parte de su ofensiva contra los cárteles.
Sin embargo, expertos señalan que el fentanilo no proviene de Venezuela, y la cocaína representa una fracción mínima frente a la de Colombia o Ecuador.
Esto lleva a analistas a sospechar que el verdadero objetivo de Trump es derrocar a Maduro.
La oposición, liderada por María Corina Machado, apoya cualquier acción que destituya al presidente, acusado de violaciones de derechos humanos. Machado y sus seguidores ven en la intervención estadounidense una oportunidad para validar la victoria de Edmundo González en las elecciones de 2024.
Oposición y planes para una transición
María Corina Machado, figura clave de la oposición, respalda una intervención que restituya el resultado electoral que favoreció a González.
Pedro Urruchurtu, asesor de Machado, reveló que coordina con la administración Trump un plan para las primeras 100 horas tras la caída de Maduro.
Este incluye la colaboración de aliados internacionales, especialmente Estados Unidos, para garantizar una transición estable.
Muchos venezolanos, hartos de la represión de Maduro, apoyan esta vía. Observadores internacionales y varios países, incluido Estados Unidos, reconocieron a González como el legítimo ganador de las elecciones.
Sin embargo, la posibilidad de una acción militar genera división, con sectores escépticos sobre la efectividad de una intervención extranjera.
Temores a la Violencia y al Caos
No todos los venezolanos apoyan una intervención armada de Estados Unidos. Incluso quienes desean la salida de Maduro, mantenido por la represión, rechazan una solución violenta.
Entrevistados anónimos expresaron temor a represalias del régimen. Otros dudan que Estados Unidos mantenga tropas para estabilizar un nuevo gobierno.
La calma tensa en Caracas refleja un escepticismo generalizado sobre el cambio político. Empresarios y diplomáticos advierten que un ataque podría desatar “derramamiento de sangre y caos”.
La incertidumbre reina mientras los buques de guerra estadounidenses acechan, y la población oscila entre el miedo, la esperanza y la desconfianza hacia un futuro incierto.
Venezuela en la encrucijada global
La presencia de buques estadounidenses en el Caribe intensifica la crisis venezolana, colocando al país en el centro de la atención internacional. La retórica de Trump, que acusa a Maduro de narcoterrorismo, eleva las tensiones diplomáticas.
Mientras tanto, la oposición busca capitalizar el apoyo externo para lograr un cambio político. Sin embargo, la falta de consenso interno y el temor a un conflicto armado complican el panorama.
La comunidad internacional observa de cerca, mientras los venezolanos enfrentan un dilema: apoyar una intervención arriesgada o mantener la lucha interna contra un régimen opresivo. La solución sigue siendo esquiva en un país dividido.
Puede leer el artículo completo en The New York Times
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