
Este martes, una violenta ofensiva estremeció el suroeste de Colombia. Más de 20 ataques con explosivos y hostigamientos armados golpearon Cauca y Valle del Cauca, dejando al menos ocho muertos, según autoridades. La verdad es que la situación es desgarradora: familias rotas, comunidades en shock y un país que clama por paz. El Ministerio de Defensa señaló que estos atentados son una reacción desesperada de grupos armados ilegales, debilitados por las operaciones de la fuerza pública que han golpeado sus finanzas ilícitas, como el narcotráfico. Pero, ¿hasta cuándo soportaremos esta violencia?
Los ataques en Colombia, ejecutados con carros bomba, motocicletas y francotiradores, muestran la crudeza de un conflicto que no da tregua. En Cali y Jamundí, la tragedia tocó a civiles y policías por igual. Y es que, además, la sobreocupación hospitalaria agrava la crisis. La Fundación Valle del Lili, colapsada al 300 %, pide ayuda urgente. ¿Qué sigue para estas regiones atrapadas en el miedo?
Ola de violencia en Cauca y Valle
Siete atentados en Valle del Cauca y doce en Cauca dejaron un saldo devastador. En Caloto, un francotirador asesinó a un policía; en Villa Rica, un autobús bomba mató a otro. En Corinto y El Bordo, carros bomba dañaron viviendas, puestos policiales y acabaron con la vida de una mujer de 32 años. Las disidencias de las FARC, lideradas por alias ‘Iván Mordisco’, junto al ELN y bandas paramilitares, operan en estas zonas. Su pelea por el control del suroeste, una ruta clave al Pacífico, alimenta esta violencia. La verdad es que estas comunidades viven bajo amenaza constante, como si caminar por sus calles fuera un juego de ruleta rusa.
Tragedia en Cali: cinco vidas perdidas
En Cali, capital de Valle del Cauca, la violencia fue implacable. Cinco personas murieron en tres puntos: una en Meléndez, otra en Los Mangos y tres en Guachinte, Jamundí. Motocicletas cargadas de explosivos y barreras viales detonadas sembraron el caos. Más de 40 heridos llenan los hospitales, con ocho en estado crítico. La Fundación Valle del Lili, desbordada, clama por apoyo. La Secretaría de Salud activó una alerta naranja, movilizando bancos de sangre y transporte especial. Es como si la ciudad entera contuviera el aliento, esperando que no haya más sangre.
Reacciones ante la violencia
El ministro del Interior de Colombia, Armando Benedetti, condenó los “actos cobardes” en X, pidiendo apoyo a la fuerza pública. “Son ellos quienes nos protegen”, escribió. La violencia estalla justo antes de la visita del presidente Gustavo Petro a Cali, donde participará en una marcha por su reforma laboral. La tensión política crece, y el suroeste, atrapado en una lucha por el control territorial, sufre las consecuencias. Estos ataques no son solo explosiones; son un grito de un conflicto que sigue vivo, desgarrando el corazón de Colombia.
Con información de EFE
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