
En el contexto de la intensificación de la presión estadounidense sobre los regímenes de izquierda en América Latina, analistas y expertos en geopolítica hemisférica advierten que la posible caída del régimen cubano podría desencadenar un efecto dominó que llevaría al colapso del gobierno sandinista en Nicaragua.
El 27 de febrero de 2026, tras la sugerencia del presidente Donald Trump de una “toma amistosa” de Cuba y el agravamiento de la crisis energética en la isla —con reservas de petróleo para apenas semanas y sanciones que penalizan a terceros países por suministrar combustible—, voces especializadas señalan que el régimen de Miguel Díaz-Canel está al borde del punto de no retorno.
“Si Cuba cae hoy, Nicaragua cae mañana”, resume un análisis circulado en redes y medios opositores nicaragüenses, donde se interpreta que la dependencia mutua entre La Habana y Managua —Cuba como proveedor histórico de médicos, inteligencia y apoyo ideológico; Nicaragua como refugio y ruta migratoria— hace que el debilitamiento de uno acelere el del otro.
Expertos como el politólogo cubano Rafael Rojas (exiliado en México) y analistas del Real Instituto Elcano coinciden en que la captura de Nicolás Maduro en Venezuela (febrero 2026) ya reconfiguró el tablero regional, aislando a los aliados restantes. La administración Trump, con Marco Rubio al frente de la diplomacia, ha priorizado el cerco económico a Cuba mediante aranceles al petróleo y amenazas de intervención controlada, lo que genera pánico en Managua.
En Nicaragua, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha respondido con concesiones tácticas —como el cierre del libre visado a cubanos para frenar flujos migratorios y evitar sanciones mayores—, pero analistas advierten que esto solo pospone lo inevitable. “Ortega está en modo supervivencia, tratando de pasar desapercibido”, señalan fuentes consultadas por medios internacionales, aunque la falta de recursos estratégicos (petróleo o minerales clave) y el aislamiento creciente podrían precipitar un colapso similar al venezolano.
María Corina Machado, desde la oposición venezolana, ha afirmado en foros internacionales que “Cuba y Nicaragua son los próximos en caer” tras el debilitamiento del eje bolivariano. El mensaje es claro para los sandinistas: sin el respaldo cubano ni el petróleo venezolano, y con Washington aplicando “máxima presión”, el efecto dominó parece cada vez más probable en 2026.Mientras Cuba enfrenta apagones masivos y posible estallido social antes del verano, Nicaragua observa con inquietud, consciente de que su destino podría estar atado al de su aliado histórico. La comunidad internacional y la diáspora nicaragüense ven en este escenario una “oportunidad histórica” para el fin de las dictaduras restantes en la región.



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