
Washington, EE.UU. – 18 de octubre de 2025. En un encuentro marcado por tensiones diplomáticas y expectativas no cumplidas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunió ayer con su homólogo ucraniano, Volodímir Zelensky, en la Casa Blanca. El foco principal fue la solicitud de Ucrania para obtener misiles de crucero Tomahawk de largo alcance, capaces de golpear objetivos profundos en territorio ruso. Sin embargo, la reunión no resultó en ningún compromiso concreto para su aprobación, dejando a Kiev con un “realismo” forzado ante la escalada del conflicto.
Cómo se desarrolló la reunión
La cita, que duró varias horas en la Sala del Gabinete y el Óvalo, incluyó discusiones sobre ayuda militar, garantías de seguridad y posibles ceses al fuego. Zelensky, en su tercer viaje a Washington desde enero, presionó por los Tomahawk, argumentando que estos “armas fuertes” podrían presionar a Rusia para negociar, ya que Moscú los “teme”. Incluso propuso un intercambio: drones ucranianos a cambio de los misiles estadounidenses. Trump, flanqueado por el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, elogió inicialmente a Zelensky como “un líder muy fuerte” y reconoció la necesidad de “muchos Tomahawk”, pero enfatizó que EE.UU. no podía “deplegar” su arsenal propio, citando posibles conflictos futuros. No hubo anuncios formales ni avances; Trump se centró en un armisticio “donde están las líneas actuales”, permitiendo que ambos bandos reclamen “victoria”.
Opiniones oficiales de los Líderes
Trump describió la reunión en Truth Social como “muy interesante y cordial”, reiterando que le había dicho a Zelensky –y a Putin– que era “hora de detener las muertes y hacer un trato”. Insistió en su visión de paz rápida, alineada con su campaña de 2024, y anunció planes para una cumbre bilateral con Putin en Budapest en las próximas semanas, posiblemente sin Zelensky. “Le informaré de las discusiones”, prometió, priorizando la diplomacia sobre la escalada armamentística.
Zelensky, por su parte, la calificó de “productiva” y expresó confianza en el “gran chance” de Trump para acabar la guerra, pero fue cauto sobre los misiles: “Somos realistas; EE.UU. no quiere escalada”. Admitió que Putin “no quiere paz” y que las discusiones territoriales son “sensibles”, rechazando concesiones que podrían invitar a una “tercera guerra”. Tras la reunión, habló con líderes europeos, contando con Trump para presionar a Moscú.
El Impacto de la llamada reciente de Putin a Trump
La dinámica cambió drásticamente por la llamada de dos horas entre Trump y Putin el jueves 16 de octubre, descrita por el estadounidense como “muy productiva” con “gran progreso”. Putin, quien inició la conversación, advirtió explícitamente contra enviar Tomahawk a Ucrania, argumentando que escalaría el conflicto y dañaría las relaciones EEUU-Rusia. Esto llevó a Trump a retroceder de insinuaciones previas de aprobación –hasta el martes había amenazado con dárselos si no había avances– y a enfocar en un posible alto al fuego.
El impacto fue inmediato: la llamada diluyó las esperanzas de Zelensky, quien llegó a Washington acusando a Moscú de “apresurarse al diálogo solo al oír de Tomahawk”. Analistas ven esto como un triunfo táctico de Putin, quien ha intensificado avances territoriales (casi 5.000 km² en 2025), comprando tiempo antes de la cumbre en Hungría. Trump, halagado por el elogio ruso a su tregua en Gaza, priorizó la neutralidad, frustrando a aliados europeos y dejando a Ucrania en una posición vulnerable ante el invierno.
Esta reunión subraya la volátil diplomacia de Trump: de ultimátums a pausas, con Putin ganando terreno. Mientras Zelensky regresa a Kiev sin misiles, el mundo espera la próxima jugada en Budapest, donde la paz –o su ilusión– podría definirse.



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