
Washington / Caracas, 3 de febrero de 2026 — La reciente intervención estadounidense en Venezuela, que culminó con la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero y la supervisión temporal de su industria petrolera por parte de Washington, ha generado comparaciones con procesos históricos de transición política en países con recursos estratégicos. Estos casos, marcados por intervenciones externas, cambios de régimen y reestructuración económica, ofrecen lecciones sobre los riesgos de inestabilidad, continuidad autoritaria y control extranjero. A continuación, analizamos los paralelismos clave, incluyendo el proceso en República Dominicana tras el asesinato de Rafael Leónidas Trujillo en 1961, donde excolaboradores del dictador se reinventaron para mantener el poder.
- Irak (2003-2011): De la Invasión a la Fragmentación
La invasión liderada por EE.UU. en 2003 derrocó a Saddam Hussein, con el pretexto de armas de destrucción masiva, pero motivada en parte por el control petrolero. Washington supervisó la transición, reabriendo el sector a empresas como ExxonMobil y Chevron. Sin embargo, la ocupación generó insurgencia, sectarismo y una producción petrolera inestable durante años.
Paralelismo con Venezuela: Ambos involucran intervención militar estadounidense para “cambio de régimen” y acceso privilegiado al petróleo. En Venezuela, la licencia general de la OFAC para producción busca elevar la extracción a niveles históricos (más de 3 millones de barriles diarios), pero el riesgo de fragmentación interna —como en Irak— podría frustrar estos planes si no se logra estabilidad.
- Libia (2011 en adelante): Caos Tras la Intervención
La OTAN, con apoyo estadounidense, derrocó a Muammar Gaddafi en 2011. El vacío de poder fragmentó el control de los yacimientos petroleros entre milicias, y la producción nunca recuperó sus picos preconflicto. Empresas occidentales accedieron en periodos de calma, pero la inestabilidad crónica prevaleció.
Paralelismo con Venezuela: Intervención externa que deja el petróleo como eje de conflicto. En Venezuela, el control de exportaciones por EE.UU. busca evitar esto, pero divisiones internas (entre chavistas, oposición y militares) podrían replicar el caos libio si la transición no se consolida.
- Panamá (1989): Captura y Extradición del Líder
La Operación Just Cause de EEUU capturó a Manuel Noriega, quien fue juzgado en territorio estadounidense. Washington supervisó la transición política, enfocada en el Canal de Panamá como recurso estratégico, sin ocupación prolongada.
Paralelismo con Venezuela: El más directo en la captura y posible juicio de Maduro en EE.UU. En ambos, la intervención es rápida y justificada por narcotráfico y corrupción, con énfasis en restablecer control económico (Canal en Panamá, petróleo en Venezuela).
- Irán (1953): Golpe por el Petróleo
Un golpe orquestado por CIA y MI6 derrocó a Mohammad Mosaddegh tras nacionalizar el petróleo. Se restauró al Shah, reabriendo el sector a empresas británicas y estadounidenses durante décadas.
Paralelismo con Venezuela: Motivación por recuperar acceso a recursos nacionalizados. En Venezuela, la administración Trump busca inversiones de hasta 100.000 millones de dólares para “restaurar” la industria, similar al control indirecto en el Irán post-golpe.
- República Dominicana Post-Trujillo (1961-1978): Continuidad de los Trujillistas Reinventados
Tras el asesinato de Trujillo en 1961, el control inicial recayó en su hijo Ramfis y el presidente títere Joaquín Balaguer. Presión internacional (OEA y EEUU) forzó la salida de la familia Trujillo, un Consejo de Estado y elecciones en 1962, donde ganó Juan Bosch. Sin embargo, un golpe en 1963 derrocó a Bosch, seguido de una invasión estadounidense en 1965 para evitar un “segundo Cuba”. Balaguer, excolaborador de Trujillo, ganó en 1966 y gobernó autoritariamente hasta 1978 (y en periodos posteriores hasta 1996). Se reinventó como líder “democrático”, fundando el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), pero mantuvo represión y clientelismo, permitiendo una transición gradual hacia la democracia formal en los años 70-80, con emergencia de partidos como el PRD de Bosch.
Paralelismo con Venezuela: A diferencia de casos como Irak (ocupación total) o Libia (caos), RD muestra cómo figuras del régimen derrocado (trujillistas como Balaguer) pueden reinventarse y dominar la transición, perpetuando elementos autoritarios bajo fachada democrática. En Venezuela, si exchavistas o militares se reacomodan en el nuevo orden —posiblemente bajo supervisión estadounidense—, podría replicarse esta “continuidad reinventada”, retrasando una democracia plena y priorizando estabilidad económica (petróleo) sobre reformas profundas.
Conclusión: Lecciones para Venezuela
Estos procesos destacan riesgos comunes: inestabilidad post-intervención, fragmentación por recursos y continuidad de élites antiguas. En Venezuela, el enfoque en el petróleo —con licencias para producción y control de ingresos— podría acelerar la recuperación económica, pero sin una transición inclusiva, podría derivar en escenarios como el iraquí (insurgencia) o dominicano (autoritarismo disfrazado). El caso post-Trujillo advierte que, incluso con presión externa, los “reinventados” del viejo régimen pueden dominar, posponiendo cambios reales. El éxito dependerá de equilibrar inversión extranjera con gobernanza local, evitando que el petróleo sea el único eje de la transición.



Por




Por




