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En Venezuela, hablar del Consejo Nacional Electoral (CNE) es hablar del corazón de la crisis política. Durante años, el país ha vivido bajo un árbitro cuestionado, con decisiones opacas, designaciones sin consenso y procesos que no generan confianza. La Constitución de 1999 establece un Poder Electoral autónomo, pero la realidad ha sido la captura política de una institución clave para la vida republicana.
Hoy, cuando la voluntad popular expresada en las urnas no se traduce en hechos institucionales, la urgencia de un nuevo CNE es evidente. No es un capricho opositor ni una consigna técnica: es una necesidad democrática. La CRBV es clara, el árbitro debe ser independiente: El artículo 294 de la Constitución no deja espacio para interpretaciones, el Poder Electoral debe ser independiente, imparcial y transparente. Sin embargo, la práctica ha sido lo contrario. La falta de autonomía ha convertido al CNE en un factor de conflicto, no de solución.
Mientras el árbitro siga siendo percibido como parte del problema, cualquier negociación política estará condenada a la desconfianza.
La región demuestra que sí se puede
Mientras Venezuela retrocede en garantías electorales, otros países iberoamericanos han logrado sostener instituciones respetadas:
- Brasil: El TSE resistió presiones políticas y campañas de desinformación, manteniendo la integridad del proceso.
- México: El INE ha sido un contrapeso efectivo frente a los intentos de control partidista.
- Chile: Su sistema es un ejemplo de transparencia y eficiencia.
Estos organismos funcionan porque están blindados frente al poder político. Venezuela necesita exactamente eso.
Lo que debe cambiar
Un nuevo CNE debe construirse sobre bases verificables, no sobre promesas:
- Independencia real: designación publica por acuerdo nacional, no por cuotas partidistas.
- Profesionalización: carrera electoral y concursos públicos.
- Transparencia total: actas públicas, auditorías abiertas, observación internacional sin restricciones.
- Control ciudadano: veedurías y contraloría social.
- Tecnología auditada: sistemas verificables y escrutinio público.
Sin árbitro confiable no hay democracia posible
La crisis venezolana no se resolverá mientras el árbitro electoral siga siendo parte del conflicto.
Un nuevo CNE es el primer paso para reconstruir la legitimidad institucional y abrir una salida democrática real. La ciudadanía ya hizo su parte. Ahora le toca al Estado cumplir la Constitución.
Manuel Fariñas, es un articulista de Punto de Corte. Docente emérito de la UNEXCA, con postgrados en la USB, UCV-CENDES y UNEFA. Experiencia institucional en gestión técnica y visión estratégica en: Telecomunicaciones, Innovación y fortalecimiento del Estado. Vocero del Espacio “Consenso” por un nuevo país y del Comité ‘”Cúmplela” en defensa de la Constitución.
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