
En Venezuela, la historia laboral parece atrapada en un ciclo repetitivo: cada gobierno, sea cual sea su signo político, enfrenta protestas y demandas sindicales centradas casi exclusivamente en aumentos nominales del salario mínimo. Los trabajadores marchan, exigen y logran decretos que suben la cifra en bolívares, pero al poco tiempo la inflación y la devaluación devoran ese incremento, devolviendo el poder adquisitivo a niveles aún más bajos. Es la clásica imagen de galgos persiguiendo una liebre que nunca alcanzan: más salario en papel, pero menos capacidad real de compra.
Este enfoque histórico ha generado una ilusión persistente: que el problema radica en la “avaricia” del gobierno o de los empresarios que no pagan lo suficiente. Sin embargo, la raíz del malestar económico venezolano no está en salarios nominales bajos per se, sino en una economía que ha destruido su productividad durante décadas. Sin generación sostenida de riqueza real —a través de inversión, innovación, competencia y libertad económica—, cualquier aumento salarial financiado con emisión monetaria o bonos sin respaldo solo acelera la inflación, erosionando aún más el poder adquisitivo.
Lo que dicen los expertos
Como explicó Milton Friedman, premio Nobel de Economía y referente del liberalismo monetario: “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”, causado por un aumento excesivo de la cantidad de dinero en circulación más rápido que el crecimiento de la producción.
En Venezuela, los aumentos salariales decretados sin respaldo productivo han sido pagados con emisión descontrolada, convirtiendo el “alivio” en una nueva ronda de inflación que castiga especialmente a los asalariados y pensionados.
Friedrich Hayek, otro pilar del pensamiento liberal, advertía sobre los peligros de intervenir artificialmente en los precios —incluidos los salarios— sin considerar la productividad subyacente.
En una economía progresiva, los aumentos reales de salarios provienen de mayor eficiencia y acumulación de capital, no de decretos. Cuando la productividad crece, los precios tienden a bajar (deflación benigna por eficiencia), y los salarios reales suben sin necesidad de imprimir más dinero.
Ludwig von Mises, fundador de la Escuela Austriaca, insistía en que los salarios reales solo pueden crecer de forma sostenible mediante mayor productividad del trabajo y del capital. Intentar forzar salarios más altos por vía estatal, sin que la economía genere más bienes y servicios, genera distorsiones: desempleo, informalidad o hiperinflación.
Exijamos un cambio de mentalidad
Los trabajadores venezolanos necesitan un cambio profundo de mentalidad: pasar de una visión socialista que ve el salario como una dádiva estatal redistribuida, a una comprensión liberal de la economía de mercado.
La verdadera bandera debería ser exigir instituciones que fomenten la productividad: propiedad privada segura, apertura comercial, eliminación de controles de precios y cambio, independencia del Banco Central y reducción drástica de la intervención estatal.
La moraleja
Solo una economía más productiva —capaz de generar riqueza real— permitirá que el salario existente (incluso sin aumentos nominales frecuentes) recupere y mantenga poder adquisitivo. De lo contrario, seguiremos condenados al eterno ciclo de decretos efímeros y protestas frustradas. El camino hacia la prosperidad no pasa por más bolívares impresos, sino por más libertad económica que multiplique la riqueza para todos.



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