
Un grupo de ciudadanos equipados con palas y picos excavan túneles entre las toneladas de concreto en la localidad de Caraballeda, en el estado La Guaira. Las familias intentan rescatar a sus allegados tras cumplirse un mes del doble terremoto que sacudió a Venezuela.
Los vecinos siguen las señales biológicas que detectan bajo los escombros. En un sector de la urbanización, los rescatistas comunitarios escucharon golpes profundos y detectaron calor con un escáner. El hallazgo movilizó de inmediato a cuadrillas de bomberos y ambulancias para apoyar las maniobras.
Las autoridades contabilizan casi 5.400 fallecidos por el desastre natural. Sin embargo, omiten la cifra de personas sin localizar que alcanza los 29.400 reportes en la plataforma independiente ‘Desaparecidos Terremoto Venezuela’. Los brigadistas mantienen las labores con firmeza para evitar la incertidumbre.
Resistencia popular ante el inclemente sol costero
Javier Navarro, un ciudadano de 36 años, busca incesantemente a nueve familiares sepultados bajo las estructuras. Navarro recuperó los cuerpos de su madre y de su abuela tras cavar durante las noches para esquivar las altas temperaturas de la costa. La comunidad local respalda estas jornadas mediante la donación constante de alimentos y herramientas.
Los familiares enfrentan discusiones continuas con los operadores de maquinaria pesada. Los ciudadanos exigen la suspensión de las demoliciones para proteger la vida de las brigadas que trabajan en las galerías subterráneas. Ningún grupo está dispuesto a abandonar las labores de rescate hasta evaluar el último espacio destruido.
Caos burocrático y descontrol en las morgues locales
Otras familias sufren severas complicaciones en las instalaciones forenses de Caracas y La Guaira. Muchos ciudadanos extrajeron a sus parientes de los escombros pero perdieron el rastro de las víctimas debido al descontrol en el registro de los cuerpos.
El caso del joven Amir Infante refleja esta compleja situación. El adolescente de 16 años sobrevivió 13 horas atrapado en un edificio en Playa Grande. Vecinos de la zona trasladaron al joven a un centro médico donde falleció minutos después de su ingreso. Los trabajadores de la salud asignaron un código al cadáver, pero la familia no logró ubicarlo posteriormente durante los recorridos por las morgues.
Los parientes de las víctimas asistirán a las convocatorias estatales para someterse a pruebas de ADN. Mientras tanto, la población rinde homenaje a los fallecidos colocándole flores a las ruinas para mantener viva la fe en medio de esta grave contingencia nacional.
Con información de EFE
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