
Carlos Julio Rojas denuncia que Maduro y Delcy criminalizan la tradición de la quema de Judas para reprimir la protesta social y silenciar disidencias.
El periodista Carlos Julio Rojas denunció la sistemática persecución que el régimen venezolano ejecuta contra las tradiciones populares que sirven como denuncia social.
Rojas vivió en carne propia la brutalidad del Estado tras organizar la emblemática quema de Judas en el centro de la capital. Esta manifestación cultural, lejos de ser un delito, representa la voz de vecinos que exigen mejores condiciones de vida y libertad política.
Sin embargo, para las estructuras de poder encabezadas por Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez, estas expresiones ciudadanas ahora califican como actos de terrorismo. El activista comunitario pasó casi dos años recluido en El Helicoide bajo acusaciones infundadas de magnicidio, un montaje judicial diseñado para silenciar su labor.
Hoy, el comunicador enfrenta una libertad restringida y el silencio administrativo sobre su solicitud de amnistía. La justicia venezolana mantiene su expediente congelado como una herramienta de extorsión política para impedir que continúe su labor de defensa de derechos humanos.
Su testimonio revela cómo una tradición de siglos se transformó en un motivo de encarcelamiento injusto bajo el autoritarismo actual.
La represión estatal contra la quema de Judas en Caracas
La aplicación discrecional de las leyes busca perpetuar el miedo entre quienes deciden ejercer su derecho constitucional a la protesta pacífica en Venezuela. Rojas entregó formalmente su petición de amnistía hace más de un mes, pero los tribunales de terrorismo ignoran el documento deliberadamente.
Según el dirigente del Frente Norte de Caracas, los jueces admiten que esperan órdenes superiores para otorgar la libertad plena definitiva. Esta parálisis jurídica funciona como una espada de Damocles que amenaza con nuevas detenciones ante cualquier opinión crítica contra el gobierno de Delcy Rodríguez.
El régimen no logra ocultar que la quema de Judas evidencia el rechazo popular hacia una gestión marcada por la tortura y el control social. El periodista insiste en que una verdadera transición democrática exige el cese inmediato de la criminalización de la cultura y la protesta.
Mientras el Estado persiga a ciudadanos por simbolizar el descontento en un muñeco de trapo, la dictadura seguirá vigente. La lucha por la democracia requiere valentía para enfrentar a los rostros de la opresión que hoy usurpan el poder público.
Nota de Prensa
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