
El ingeniero y activista venezolano Angel Godoy rompió el silencio tras su reciente excarcelación para detallar las traumáticas vivencias durante su detención política. En una entrevista profunda, Godoy describió el descenso a los sótanos de lo que presume es “La Tumba”, el centro de detención del Sebin en Plaza Venezuela, conocido por sus condiciones de aislamiento extremo.
Godoy permaneció incomunicado por más de 90 días, un periodo que define como una “eternidad” de tortura psicológica y física. El activista narró cómo el sistema busca quebrar la voluntad del detenido mediante el aislamiento total de sus seres queridos. “Esa fue la tortura más fuerte: pasar 97 días sin saber nada de mi familia ni de mi hijo”, confesó con notable conmoción.
El descenso al sótano del terror
El relato de Godoy se vuelve sombrío al describir su traslado hacia un lugar desconocido bajo una capucha. Al ingresar, sintió el movimiento característico de un ascensor descendiendo, una sensación que comparten muchos detenidos que han pasado por la sede de Plaza Venezuela. Una vez abajo, el entorno se transformó en un escenario de lamentos y oscuridad.
“Recuerdo que iba pasando por un pasillo en donde se escuchaban quejidos de dolor”, relató el ingeniero. Durante los interrogatorios, las agresiones físicas eran constantes. Godoy detalló que los funcionarios utilizaban bolsas negras para asfixiarlo y propinaban golpes en los oídos para aturdirlo. En medio de la desesperación, llegó a confrontar a sus captores ante la amenaza de muerte.
Amenazas y extorsión financiera
Uno de los momentos más críticos ocurrió cuando un funcionario puso un arma de fuego en su cabeza. Según su testimonio, el carcelero expresó su deseo de dispararle. La respuesta de Godoy fue contundente: “Si tú me das un tiro, me haces un favor, porque si yo estoy donde creo que estoy, sé que de aquí no salgo más”.
Además del maltrato físico, Godoy denunció la existencia de una red de extorsión dentro de los organismos de inteligencia. Los custodios le ofrecían libertad inmediata a cambio de altas sumas de dinero, que oscilaban entre los 10.000 y 300.000 dólares. El activista sostiene que este esquema financiero es una práctica sistemática que afecta a numerosos presos políticos y sus familias.
Un mensaje de justicia sin odio
A pesar de las secuelas físicas que aún padece, Angel Godoy envió un mensaje conciliador al país. El ingeniero enfatizó que su “mejor venganza será perdonarlos”, aunque aclaró que el perdón no significa impunidad. Para Godoy, la reconstrucción de la nación requiere una justicia real que penalice a los responsables y repare a las víctimas del sistema.
El activista también cuestionó la legalidad de su proceso, señalando que la amnistía recibida es contradictoria. “El carcelero dice que me perdona, pero yo no he cometido ningún delito”, afirmó. Godoy insiste en que su único “crimen” fue ejercer la pedagogía ciudadana y defender los derechos constitucionales, una labor que prometió continuar a pesar del amedrentamiento sufrido durante su cautiverio.
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