
La muerte de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, máximo líder del Tren de Aragua, no significará el fin de las operaciones de la organización criminal transnacional. Así lo afirmó el fiscal chileno Héctor Barros, uno de los principales investigadores de la expansión del grupo delictivo en el cono sur, durante una entrevista concedida al diario El País.
Guerrero Flores murió la semana pasada en las zonas mineras de Bolívar durante un operativo militar ejecutado por fuerzas venezolanas en coordinación con el gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, el fiscal Barros advirtió que la megabanda cuenta con una cadena de mando altamente consolidada. Esta particularidad operativa le permite absorber la pérdida de su principal cabecilla histórico sin llegar a desarticularse por completo.
Los herederos del control criminal
El investigador judicial identificó a dos figuras delictivas con capacidad real de asumir la jefatura de la organización. Uno de ellos es un sujeto conocido bajo el alias de “el Viejo”, mientras que el segundo es Johan Petrica. Barros señaló a Petrica como el sucesor más probable debido a su enorme peso dentro de la estructura financiera y operativa del grupo.
La fiscalía de Chile sostiene que el poder se mantendrá centralizado debido a la trascendencia de estos liderazgos secundarios. El control territorial de estos delincuentes coincide temporalmente con la movilización de organismos humanitarios en las fronteras, un escenario derivado de la constante crisis de movilidad humana en Venezuela detectada por las Naciones Unidas en los últimos años.
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