
CARACAS – En una reciente declaración que ha sacudido el tablero político nacional, el exvicepresidente Elías Jaua afirmó que Venezuela se encuentra bajo una “ocupación militar” de carácter tecnológico y aeroespacial. No obstante, sus palabras generaron una inmediata réplica por parte de analistas y sectores críticos, quienes cuestionan su memoria selectiva al ignorar las intervenciones extranjeras que el chavismo promovió durante décadas desde potencias como Cuba, Rusia y China.
Durante la transmisión del programa PDC Radio Desencadenados, el conductor Nicmer Evans analizó las declaraciones de Jaua, subrayando la contradicción implícita en su discurso. Para el analista, resulta inconsistente que el exministro denuncie una invasión actual, supuestamente impulsada por intereses energéticos externos, mientras omite el papel que jugaron los agentes del G2 cubano o la entrega de soberanía a través de acuerdos estratégicos con Beijing y Moscú durante su propio ejercicio en el poder.
La “ocupación” según la conveniencia política
Jaua argumentó en un foro de estudios que el actual equipo de gobierno, liderado por Delcy Rodríguez, actúa bajo directrices de una “potencia ocupante” debido a la presión internacional. Según su visión, esta situación se agudizó tras los eventos del 3 de enero. Sin embargo, Evans recordó que la estructura estatal venezolana fue permeada mucho antes por el adoctrinamiento y el control social diseñado en La Habana, bajo el amparo de figuras como el propio Jaua.
La crítica central reside en que el exvicepresidente parece descubrir la pérdida de autonomía solo cuando su grupo político queda desplazado de la toma de decisiones principal. Evans enfatizó que la soberanía nacional no se perdió recientemente, sino que fue entregada sistemáticamente mediante la dependencia de asesores extranjeros en áreas críticas de seguridad, identificación y salud, convirtiendo al país en un satélite de intereses no occidentales durante años.
Entre el mea culpa y la justicia
El debate sobre la soberanía coincide con un momento de tensiones internas en el oficialismo. La nota destaca que, mientras algunos intentan desmarcarse de la crisis actual, otros como Nicolás Maduro Guerra han asomado la necesidad de pedir perdón por “excesos”. No obstante, la opinión pública percibe estos gestos como maniobras de supervivencia política ante la presión externa, más que como una voluntad real de cambio o reparación a las víctimas.
Evans señaló que un perdón genérico carece de valor si no viene acompañado de justicia y la liberación de los presos políticos. La mención a Nicolás Maduro en medios internacionales reconociendo fallas judiciales no borra, según el análisis periodístico, la corresponsabilidad de quienes permitieron la erosión institucional. La justicia debe ser el pilar fundamental para cualquier proceso de reconciliación que aspire a ser genuino y duradero en el territorio nacional.
Un país en busca de autonomía real
El análisis concluye que Venezuela no necesita sustituir una tutela extranjera por otra. La verdadera independencia requiere que los liderazgos políticos reconozcan los errores históricos de haber permitido la injerencia cubana o rusa, antes de señalar las presiones de otros bloques. La recuperación del Estado de derecho es la única vía para que el país deje de ser visto como un botín geopolítico por parte de potencias mundiales.
La ciudadanía exige transparencia y una ruta electoral clara que devuelva el poder a los venezolanos. Solo mediante la legitimidad de origen se podrá negociar con el mundo desde una posición de fuerza y dignidad, dejando atrás las sombras de ocupaciones pasadas y presentes que tanto daño han causado a la economía y al tejido social de la nación.
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