
El Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), presentado este lunes 11 de mayo, revela una fractura social profunda en el continente. Según el estudio, el 32 % de la población en América Latina y el Caribe manifiesta su deseo de abandonar su país de origen en los próximos tres años. Esta cifra representa un incremento significativo respecto al 21 % registrado en 2004, evidenciando un deterioro sostenido en las expectativas de vida de los habitantes de la región.
El organismo vincula directamente esta tendencia con el desencanto institucional y la insatisfacción democrática. Haití encabeza la lista de naciones con mayor intención de éxodo, alcanzando un alarmante 74,6 %. Le siguen Jamaica con un 54,3 % y Surinam con un 45,7 %.
El PNUD advierte que la percepción de deterioro económico y la falta de soluciones políticas impulsan a los ciudadanos a buscar oportunidades en el extranjero, convirtiendo la movilidad humana en un termómetro de las crisis locales.
El auge de la migración intrarregional y el rechazo social
A diferencia de décadas anteriores, el destino de los migrantes ha cambiado drásticamente. Mientras que históricamente el flujo apuntaba hacia Estados Unidos y Europa, el fenómeno actual es mayoritariamente intrarregional. Para el año 2024, la cifra de latinoamericanos que residen en otros países del mismo continente alcanzó los 14 millones de personas. Este cambio responde, en parte, al endurecimiento de las políticas migratorias en el norte, donde el aumento de las deportaciones desde Estados Unidos ha marcado la pauta desde 2025.
Sin embargo, la acogida en los países vecinos resulta mayoritariamente hostil. El informe destaca que el 51,4 % de los latinoamericanos considera perjudicial la llegada de inmigrantes a su territorio. Este rechazo alimenta la polarización política y fortalece discursos que criminalizan al extranjero. Según el PNUD, esta lógica de exclusión debilita el contrato democrático y genera nuevas tensiones sociales en naciones que, irónicamente, también expulsan a su propia población de manera masiva.
Impacto de la crisis venezolana y restricciones externas
El estudio identifica el periodo entre 2015 y 2020 como el de mayor crecimiento migratorio interno, con un alza del 84 %. La crisis venezolana destaca como uno de los principales motores de este movimiento. A medida que las fronteras de Norteamérica y Europa imponen controles más estrictos, los países de la región enfrentan el reto de gestionar flujos humanos sin precedentes. La falta de políticas de integración efectivas y el auge del sentimiento antiinmigrante complican el panorama para los próximos años.
Fuentes consultadas: Informe PNUD 2026, Swissinfo.ch, Organización Internacional para las Migraciones (OIM)
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