
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, endureció su postura contra Colombia este 27 de febrero de 2026 al calificar al país vecino como el “peor socio comercial” de Ecuador, en el marco de la ruptura total del diálogo bilateral y una escalada en la guerra arancelaria.
En entrevista con Radio Centro, Noboa justificó el incremento de la denominada “tasa de seguridad” —de 30% a 50% sobre las importaciones colombianas a partir del 1 de marzo— por el “descuido absoluto” de Colombia en el control fronterizo. Según el mandatario, el retiro del ejército colombiano de la zona limítrofe ha duplicado los costos de seguridad para Ecuador (cerca de 400 millones de dólares anuales adicionales) y ha permitido el avance de grupos criminales y narcotráfico.
Noboa destacó resultados positivos de la medida: una reducción del 33,3% en muertes violentas en provincias fronterizas como Carchi, Imbabura y Sucumbíos, y un cambio drástico en la balanza comercial. Citó un déficit histórico anual de 1.100 millones de dólares con Colombia (equivalente a unos 90 millones mensuales en 2025), pero afirmó que en febrero de 2026 el saldo ya es superavitario en 30 millones de dólares, un “swing” de 120 millones en un mes.
El ministro de Producción, Comercio Exterior e Inversiones, Luis Alberto Jaramillo, confirmó que “se ha cortado el diálogo con Colombia” de manera unilateral, alegando falta de respuestas favorables y voluntad para reforzar la seguridad en la frontera común. La decisión deja abierta la posibilidad de mantener el arancel del 50% de forma indefinida hasta que Bogotá demuestre acciones concretas contra el crimen organizado.
Contexto de la declaración
La confrontación, que comenzó en enero de 2026 con la imposición inicial del 30%, ha generado preocupación en sectores exportadores ecuatorianos y llamados de la Cámara de Comercio y la Federación de Exportadores (Fedexpor) a retomar el diálogo para evitar mayores daños al intercambio bilateral —que supera los 1.800 millones de dólares anuales— y al Sistema Andino de Integración.
Por su parte, el gobierno colombiano ha respondido con medidas recíprocas y aranceles propios, mientras persiste la tensión en una frontera ya de por sí volátil por el conflicto armado interno y el narcotráfico. Analistas advierten que la prolongación del conflicto podría afectar gravemente a ambos países en un contexto regional inestable.



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