
Washington, 17 de febrero de 2026 — En medio de la creciente tensión en América Latina tras la captura del exlíder venezolano Nicolás Maduro en una audaz operación militar estadounidense, el presidente Donald Trump ha abordado públicamente la posibilidad de extender acciones similares a Cuba. Aunque no ha descartado por completo una intervención, Trump ha enfatizado que no la considera necesaria, argumentando que el régimen cubano está “a punto de caer” por su propia debilidad, exacerbada por la pérdida de apoyo venezolano.
Esta postura refleja una estrategia de presión diplomática y económica, combinada con amenazas veladas, que ha caracterizado la política exterior de su segunda administración.
El contexto: La captura de Maduro y su impacto en Cuba
La operación militar en Venezuela, bautizada como “Operation Absolute Resolve” por fuentes internas, tuvo lugar el 3 de enero de 2026. Bajo órdenes directas de Trump, fuerzas especiales estadounidenses irrumpieron en Caracas, capturando a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en un asalto relámpago contra un búnker fortificado.
El presidente describió la misión como un éxito rotundo, con mínimas bajas estadounidenses —dos soldados heridos en las piernas y un helicóptero dañado, pero sin pérdidas fatales— y enfatizó que Maduro sería juzgado en EE.UU. por cargos de narcoterrorismo y tráfico de drogas.
Esta acción no solo derrocó al régimen madurista, sino que cortó de raíz el flujo de petróleo y apoyo financiero venezolano a Cuba, un pilar clave para la supervivencia del gobierno de Miguel Díaz-Canel. Trump ha repetido que Cuba “vivió durante años del petróleo y el dinero de Venezuela”, proporcionando a cambio “servicios de seguridad” para los dictadores venezolanos.
Con Maduro fuera del poder, el presidente estadounidense ha advertido: “No habrá más petróleo ni dinero para Cuba: ¡cero!”.
Esta declaración, publicada en Truth Social el 11 de enero, ha intensificado la crisis energética en la isla, donde se acumulan basuras en las calles por falta de combustible para los camiones recolectores.
La respuesta de Trump: “No creo que sea necesario”
Preguntado directamente sobre si consideraría una operación militar en Cuba similar a la de Venezuela, Trump ha sido evasivo pero optimista sobre la inestabilidad del régimen cubano. En una conferencia de prensa el 4 de enero, a bordo del Air Force One, afirmó: “Cuba es una nación fallida… No creo que sea necesario” intervenir militarmente, ya que el país está “listo para caer”.
En otra ocasión, durante una entrevista en Fox News, agregó: “Si lo hiciéramos, no sería muy difícil, pero no creo que sea necesario”.
Trump ha confirmado que están en curso conversaciones con La Habana, instando al gobierno cubano a “hacer un trato antes de que sea demasiado tarde”.
Fuentes del Departamento de Estado indican que estas negociaciones podrían involucrar concesiones en materia de derechos humanos y apertura económica a cambio de alivio en las sanciones. Sin embargo, el presidente no ha descartado acciones más drásticas, respondiendo a una pregunta similar con: “¿Por qué respondería eso? Si lo hiciéramos, no sería muy difícil”.
Analistas interpretan estas declaraciones como una táctica de “zanahoria y garrote”: presión económica para forzar un colapso interno, sin necesidad de una invasión directa que podría complicar la imagen internacional de EE.UU.
Organizaciones como WOLA han criticado la operación en Venezuela como una violación al derecho internacional, advirtiendo que extenderla a Cuba podría desestabilizar aún más la región.
Reacciones y posibles implicaciones
La postura de Trump ha generado divisiones. En EE.UU., aliados republicanos como el secretario de Estado Marco Rubio han respaldado la escalada retórica, vinculando a Cuba directamente con el colapso venezolano.
Críticos demócratas, como el congresista Seth Moulton, la han calificado de “fantasía imperial imprudente” que ignora el Congreso y pone en riesgo vidas estadounidenses.
En Cuba, el gobierno ha denunciado las amenazas como un acto de “imperialismo”, mientras que disidentes internos ven una oportunidad para un cambio. En Venezuela, Trump ha prometido supervisar la transición hasta un “reemplazo legítimo”, con EE.UU. asumiendo un rol protector respaldado por su “ejército más poderoso del mundo”.
Expertos en política exterior, como Jonathan Turley, señalan que esta doctrina Trump-Monroe podría expandirse a otros países como Colombia o México, donde el presidente ha insinuado acciones contra cárteles.
Sin embargo, para Cuba, el enfoque parece ser el de esperar un derrumbe interno, evitando los costos de una invasión.
Mientras las tensiones persisten, Trump mantiene que su prioridad es “poner a América primero”, pero sus palabras dejan abierta la puerta a escenarios más agresivos si las negociaciones fallan. La región observa con atención si esta retórica se traduce en acciones concretas o si, como sugiere el presidente, Cuba caerá por su propio peso.



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