
El presidente de Honduras, Nasry “Tito” Asfura, se reunió el sábado 7 de febrero de 2026 con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la residencia privada de este último en Mar-a-Lago, Palm Beach, Florida. El encuentro, que tuvo lugar apenas diez días después de la toma de posesión de Asfura como mandatario hondureño (el 27 de enero de 2026), fue calificado por ambos líderes como “muy importante” y “amistoso”, y se centró en tres ejes principales: comercio e inversión, migración y seguridad.
Un encuentro estratégico en el corazón de Florida
La reunión se realizó a puerta cerrada y sin la formalidad de una visita de Estado oficial, lo que algunos analistas interpretan como una señal clara de la cercanía política entre ambos líderes. Trump, quien apoyó públicamente la campaña de Asfura durante las elecciones de 2025, publicó en su plataforma Truth Social que ambos comparten “muchos de los mismos valores America First” y destacó una “estrecha asociación en seguridad”.
Según el comunicado de Trump, los dos presidentes conversaron sobre:
- Combate a cárteles y narcotraficantes —reforzando la cooperación bilateral para enfrentar el crimen organizado transnacional.
- Deportaciones —específicamente de inmigrantes irregulares y miembros de pandillas desde Estados Unidos hacia Honduras.
- Inversión y comercio —con énfasis en fortalecer los lazos económicos entre ambos países, cuyo intercambio comercial superó los 15.000 millones de dólares en 2024-2025.
Por su parte, el presidente Asfura describió el diálogo como “muy interesante” y “positivo”, asegurando que se abordaron temas de generación de empleo, modernización del país, inversión extranjera y un “nuevo giro” en las relaciones bilaterales. El mandatario hondureño viajó acompañado de la canciller Mireya Agüero y enfatizó que Honduras busca posicionarse como un socio estratégico clave para Washington en la región.
Los temas centrales de la agenda
- Migración y TPS
Uno de los puntos más sensibles fue el estatus migratorio de miles de hondureños en Estados Unidos. Asfura expresó su interés en que se revise y eventualmente se restablezca o extienda el Estatus de Protección Temporal (TPS) para ciudadanos hondureños, un mecanismo que ha protegido de la deportación a decenas de miles de personas desde hace años. Aunque no se anunciaron decisiones concretas, fuentes cercanas indicaron que el tema quedó pendiente de revisión por comisiones técnicas bilaterales.
- Comercio e inversión
Ambos líderes hablaron de eliminar o reducir barreras arancelarias que afectan exportaciones hondureñas, especialmente en sectores como maquilas, textiles y arneses. Honduras busca proteger sus preferencias comerciales bajo el CAFTA-DR y evitar desventajas frente a otros países centroamericanos en un contexto de amenazas de aranceles generalizados anunciados por la administración Trump. El diálogo también incluyó posibles inversiones estadounidenses en infraestructura, educación y salud en Honduras.
- Seguridad y lucha contra el crimen organizado
La cooperación en seguridad fue el eje más enfatizado por Trump, quien mencionó explícitamente el trabajo conjunto para “contrarrestar cárteles peligrosos y narcotraficantes” y deportar a “miembros de pandillas”. El encuentro se produce en un momento en que Estados Unidos busca aliados en Centroamérica para contener flujos migratorios irregulares y el tráfico de drogas, especialmente fentanilo. Analistas señalan que Honduras podría convertirse en un pilar de la estrategia estadounidense para contrarrestar la influencia china en la región.
Contexto político y repercusiones
La reunión ha sido vista como un hito para el nuevo gobierno de Asfura, un empresario conservador que ganó las elecciones de noviembre de 2025 con un margen estrecho y con respaldo explícito de Trump. Algunos observadores destacan que el encuentro eleva el perfil internacional de Honduras y podría abrir puertas a mayor cooperación económica y de seguridad.
Sin embargo, también genera debate interno en Honduras. Mientras sectores afines al gobierno celebran la “alianza estratégica”, críticos advierten sobre los riesgos de una dependencia excesiva de Washington y las implicaciones de una política migratoria más dura.
Conclusión
La cita en Mar-a-Lago marca el inicio de una relación bilateral que promete ser intensa en los próximos meses. Tanto Trump como Asfura proyectaron optimismo sobre el futuro de la cooperación, con énfasis en que Honduras y Estados Unidos comparten intereses comunes en prosperidad económica, seguridad ciudadana y control migratorio ordenado. Las comisiones de trabajo ya están en marcha, y se espera que los primeros resultados concretos —especialmente en comercio y migración— se vean en las próximas semanas. Para muchos en Tegucigalpa y Washington, esta reunión no fue solo un encuentro protocolar: fue la consolidación de una alianza que busca redefinir el rol de Honduras en la geopolítica centroamericana.



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