
El fundador y CEO de Telegram, Pavel Durov, reiteró este 5 de febrero de 2026 su postura inquebrantable sobre la privacidad: la plataforma preferiría cerrar completamente antes que comprometer los datos de mensajería de sus usuarios entregándolos a terceros.
En una publicación en su cuenta de X, Durov respondió directamente a una pregunta sobre si Telegram aún protege la información personal tras cambios en su política de privacidad de 2024:
«Telegram ha revelado CERO bytes de datos de mensajería a terceras partes a lo largo de su historia. Y preferimos cerrar el proyecto por completo antes que empezar a hacerlo».
La declaración llega en un momento de alta tensión regulatoria global, con gobiernos presionando a plataformas por mayor acceso a datos en nombre de la seguridad, la lucha contra el crimen organizado o la protección de menores. Durov ha utilizado históricamente este tipo de afirmaciones para diferenciar a Telegram de competidores como WhatsApp o Facebook Messenger, destacando su compromiso con el cifrado fuerte y la ausencia de “puertas traseras”.
Contexto de la posición de Durov
- En 2014 abandonó Rusia tras negarse a entregar datos de usuarios al Kremlin durante las protestas en Ucrania.
- En 2024 fue detenido temporalmente en Francia por supuesta falta de cooperación contra actividades ilícitas en la plataforma.
- Tras su liberación, Telegram actualizó sus políticas para entregar IP y números de teléfono en casos específicos de violaciones graves (tras órdenes judiciales válidas), pero mantuvo firme que los contenidos de los mensajes privados cifrados de extremo a extremo no se entregan.
La frase de Durov busca tranquilizar a millones de usuarios que ven en Telegram una de las últimas grandes plataformas con fuerte énfasis en privacidad, especialmente ante crecientes demandas regulatorias en Europa, Estados Unidos y América Latina.
Aunque la empresa ha endurecido algunas medidas contra abuso y contenido ilegal desde 2024, Durov insiste en que la línea roja sigue siendo la misma: no entregar el contenido de las conversaciones privadas. Si algún gobierno o autoridad lo exigiera de forma masiva o sin límites, Telegram —según su fundador— optaría por desaparecer antes que convertirse en una herramienta de vigilancia estatal.



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