
Bayamón, Puerto Rico – 17 de octubre de 2025. En un ambiente cargado de emoción y simbolismo histórico, más de 500 personas se congregaron ayer en el Teatro Braulio Castillo de Bayamón para presenciar la presentación de una iniciativa que podría redefinir la identidad y las oportunidades de los puertorriqueños: la propuesta de nacionalidad española reparativa. Esta medida busca otorgar la ciudadanía y el pasaporte español a los descendientes de los boricuas desnaturalizados tras el Tratado de París de 1898, cuando España cedió la isla a Estados Unidos, dejando a sus habitantes sin su nacionalidad original.
El evento, que formó parte del Primer Congreso Internacional Puerto Rico y España –titulado “De la Ley de Sefardíes a la propuesta de nacionalidad española reparativa para Puerto Rico”–, atrajo no solo a ciudadanos locales, sino también a académicos y representantes extranjeros de España y otras naciones iberoamericanas. La Universidad de Puerto Rico en Bayamón (UPR Bayamón), sede principal del congreso que se extendió del 14 al 17 de octubre, organizó la conferencia magistral que sirvió de plataforma para esta propuesta. Entre el público, se destacaban figuras como profesores universitarios, activistas culturales y descendientes de familias puertorriqueñas con raíces profundas en la era colonial española.
Un Puente Histórico entre Dos Mundos
La propuesta, impulsada por el profesor español Rafael Maldonado de Guevara Delgado, toma como modelo la Ley de Memoria Democrática de 2015, que permitió la nacionalidad española a descendientes de judíos sefardíes expulsados durante la Inquisición. En su conferencia, titulada “De la Ley de Sefardíes a la nacionalidad reparativa para Puerto Rico: memoria, justicia y fraternidad”, Maldonado argumentó que los puertorriqueños merecen una “reparación simbólica y práctica” por la pérdida forzada de su ciudadanía española hace más de un siglo. “No se trata solo de un documento; es un acto de justicia histórica que reconoce los lazos inquebrantables de idioma, cultura y sangre entre España y Puerto Rico”, enfatizó el académico durante su intervención, que duró cerca de una hora y media.
¿Qué fue lo que pasó en 1898?
El Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, marcó un punto de inflexión en la historia boricua. Bajo sus términos, los nacidos en la isla –clasificados como “insulares”– perdieron automáticamente su nacionalidad española, a diferencia de los peninsulares (nacidos en España) que residían en Puerto Rico y podían optar por conservarla. Esta distinción creó un limbo legal que persiste en debates sobre la identidad puertorriqueña, atrapada entre la herencia hispana y la ciudadanía estadounidense otorgada colectivamente en 1917 por la Ley Jones.
Hoy, con más de 5 millones de puertorriqueños en la diáspora –principalmente en Estados Unidos–, la idea de un pasaporte español abre puertas a la Unión Europea, facilitando viajes, estudios y trabajo sin renunciar a la ciudadanía norteamericana.
El congreso, que incluyó paneles en la Casa de España y el Museo de San Juan, también presentó la nueva edición del libro Isla de Puerto Rico, editado por la Fundación María Zambrano, y mesas redondas sobre la proyección cultural de España en el mundo. Participantes como el historiador Julio Chocano Moreno y la investigadora puertorriqueña sobre la presencia militar estadounidense en la isla durante las guerras mundiales, aportaron perspectivas interdisciplinarias, desde la literatura hasta la geopolítica.
Expectativa en la Comunidad y Respaldo Político
La asistencia masiva al Teatro Braulio Castillo –un icónico venue cultural de Bayamón que celebra 40 años de historia– refleja el entusiasmo creciente entre los boricuas. “Esto no es solo sobre un pasaporte; es sobre recuperar nuestra dignidad y abrir horizontes para las nuevas generaciones”, comentó María López, una asistente de 45 años originaria de San Juan, quien asistió con su familia. Encuestas informales durante el evento indicaron que alrededor del 13% de los puertorriqueños apoyaría opciones de reintegración cultural con España, viendo en ella una alternativa a la “estancamiento democrático” bajo el estatus territorial actual.
El respaldo no se limita a la esfera académica. La propuesta ha generado eco en círculos políticos tanto en Puerto Rico como en España. En el Congreso de los Diputados español, se discutió una versión preliminar en octubre de 2024 durante el foro “La proyección de España en el mundo: Pasado, presente y futuro”, donde legisladores de izquierda y centro abogaron por extender la nacionalidad reparativa a excolonias como Puerto Rico.
En Puerto Rico, figuras del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y del Movimiento de Reunificación con España han expresado apoyo, argumentando que facilitaría la movilidad sin alterar el estatus político con EEUU. Incluso en foros como Reddit, la discusión ha avivado debates sobre beneficios como el acceso inmediato a la UE, comparándolo con programas existentes que permiten a iberoamericanos obtener la ciudadanía española tras dos años de residencia.
Sin embargo, no todo es unánime. Críticos advierten sobre posibles complicaciones diplomáticas con Washington y el impacto en la diáspora continental, donde millones de boricuas residen. “Sería un gesto simbólico valioso, pero necesitamos claridad sobre cómo afectaría los derechos adquiridos bajo la bandera estadounidense”, señaló un panelista durante el congreso.
Hacia un Futuro de Oportunidades Compartidas
Con el cierre del Primer Congreso Internacional Puerto Rico y España, la propuesta de pasaporte español emerge como un catalizador para el diálogo transatlántico. Mientras España evalúa su viabilidad –posiblemente a través de una enmienda a la Ley de Memoria Democrática–, en Puerto Rico se multiplican las voces que ven en esta iniciativa no solo reparación histórica, sino un puente hacia un mundo más conectado. Como resumió Maldonado al final de su charla: “Puerto Rico no es solo una isla; es un capítulo vivo de la historia española, y es hora de escribir el siguiente juntos”.
El Teatro Braulio Castillo, testigo de esta velada histórica, se convirtió en más que un escenario: un símbolo de fraternidad renovada. Para los boricuas, el eco de la expectativa resuena fuerte, recordándonos que la identidad, como el mar que nos rodea, no conoce fronteras.



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