
Daniel Ortega, líder sandinista, ordenó intensificar la “vigilancia revolucionaria” en los barrios de Nicaragua durante el 46° aniversario de la Revolución Sandinista, celebrado el 19 de julio en Managua. En un discurso de 81 minutos, el presidente instó a capturar y procesar a los denominados “vendepatrias”, señalando a opositores como traidores. La Plaza la Fe acogió a miles de funcionarios y militares, pero la ausencia de líderes internacionales de peso, como los de Cuba y Venezuela, marcó el evento. Ortega elogió a China y Rusia, criticó a Europa y abogó por eliminar Naciones Unidas, mostrando un tono cada vez más autoritario. Su retórica, aunque debilitada por su edad, refuerza un régimen que recrudece el control social.
Vigilancia revolucionaria: un mecanismo represivo
Ortega reactivó la “vigilancia revolucionaria”, una práctica de los años ochenta, coordinada por la Policía y los Consejos del Poder Ciudadano (CPC). Desde 2023, este esquema ha permitido arrestar a opositores, como militares retirados, mediante inteligencia estatal. Estas acciones, calificadas como represión política, buscan sofocar cualquier disidencia en los barrios, consolidando el control sandinista.
Impacto internacional y migración
El discurso de Ortega incluyó críticas veladas a la política antimigratoria de Donald Trump, sin mencionarlo directamente. Desde enero de 2025, EE.UU. ha deportado a 2.527 nicaragüenses en 22 vuelos, según datos del ICE. La intensificación de la vigilancia en Nicaragua agrava la crisis migratoria, con miles huyendo de la persecución. Organizaciones de derechos humanos denuncian un régimen que silencia a la oposición y refuerza su autoritarismo.
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