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El 4 de febrero de 2026, el presidente chino Xi Jinping protagonizó una intensa jornada diplomática telefónica y virtual que captó la atención global. En pocas horas, mantuvo primero una videoconferencia estratégica con el presidente ruso Vladimir Putin y, posteriormente, sostuvo una larga conversación telefónica con el presidente estadounidense Donald Trump. Este doble diálogo subraya el delicado equilibrio que Pekín intenta mantener entre sus principales socios estratégicos en un contexto internacional marcado por múltiples tensiones.
Primero Putin, luego Trump: una secuencia cargada de significado
La jornada comenzó con una videoconferencia entre Xi Jinping y Vladimir Putin. Ambos líderes destacaron la solidez de la asociación estratégica integral entre China y Rusia, calificándola como un “factor estabilizador” en un mundo cada vez más volátil. Putin enfatizó que la relación bilateral es “ejemplar”, mientras Xi señaló que la cooperación ha alcanzado “un nuevo nivel”. Ambos coincidieron en la necesidad de impulsar un orden mundial multipolar más justo, defendiendo el sistema internacional centrado en la ONU y oponiéndose a lo que llaman “hegemonía unilateral”.
La conversación, que duró aproximadamente 1 hora y 25 minutos, se desarrolló en un ambiente de “amistad y confianza”, según el Kremlin. Entre los temas implícitos se encuentran la cooperación energética (con China como principal comprador de petróleo ruso con descuento), proyectos nucleares pacíficos, exploración espacial y coordinación en asuntos globales y regionales.
Horas después de concluir este encuentro, Xi Jinping mantuvo una prolongada llamada telefónica con Donald Trump. La comunicación fue confirmada por la agencia oficial china Xinhua y por el propio Trump en su red social Truth Social, donde el mandatario estadounidense la describió como “excelente, larga y exhaustiva”.
Trump señaló que discutieron múltiples temas clave:
- Comercio bilateral y oportunidades para incrementar las compras chinas de productos agrícolas estadounidenses (especialmente soja, con menciones a posibles aumentos hacia los 20 millones de toneladas en la temporada actual)
- Cuestiones de defensa y seguridad
- La situación en Taiwán (Xi reiteró que es el tema “más importante” en la relación bilateral y pidió prudencia en las ventas de armas estadounidenses a la isla)
- La guerra en Ucrania
- La situación en Irán
- Entregas de motores de avión y otros asuntos energéticos
Trump también expresó su entusiasmo por su próxima visita a Pekín prevista para abril de 2026 y destacó la importancia de mantener una relación “positiva y estable” entre las dos mayores economías del mundo.
Por su parte, el comunicado chino enfatizó que Xi subrayó la necesidad de manejar las diferencias con respeto mutuo, igualdad y beneficio recíproco, y de avanzar paso a paso para construir confianza y encontrar la forma correcta de convivir.
Contexto: un delicado malabarismo diplomático
Este doble contacto ocurre en un momento especialmente sensible:
- El tratado nuclear New START entre Rusia y Estados Unidos expira el 5 de febrero de 2026, lo que aumenta la preocupación por la estabilidad estratégica global.
- Continúan las negociaciones trilaterales (Rusia-Ucrania-Estados Unidos) en Emiratos Árabes Unidos para buscar una salida al conflicto ucraniano.
- Las tensiones en Oriente Medio, particularmente con Irán, siguen siendo un punto crítico.
- Las relaciones comerciales entre China y Estados Unidos se encuentran en una fase de tregua relativa tras acuerdos previos, pero con temas pendientes como aranceles, tecnología y cadenas de suministro.
La secuencia —primero Putin, luego Trump— y el hecho de que el Kremlin fuera informado previamente de la llamada con Trump, sugieren una cuidadosa coordinación por parte de Pekín. China busca mantener canales abiertos con ambos polos de poder, evitando quedar atrapada en una confrontación directa entre Washington y Moscú.
Perspectivas
La diplomacia telefónica del 4 de febrero de 2026 refleja la apuesta de Xi Jinping por una política exterior proactiva y equilibrada. Mientras refuerza la “columna vertebral” de la relación con Rusia, simultáneamente cuida el diálogo con Estados Unidos, consciente de que la estabilidad económica y la gestión de riesgos geopolíticos dependen en gran medida de evitar una escalada con Washington.
Tanto Trump como Xi expresaron disposición a seguir conversando y a preparar encuentros presenciales en los próximos meses. Sin embargo, las profundas diferencias —especialmente en Taiwán, Ucrania, tecnología y comercio— siguen presentes y requerirán mucho más que llamadas telefónicas para ser gestionadas.
En un mundo cada vez más fragmentado, la capacidad de Pekín para dialogar simultáneamente con Moscú y Washington se ha convertido en uno de los activos diplomáticos más valiosos —y también más observados— del actual escenario internacional.


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