![]()
Bogotá, 19 de octubre de 2025.- La relación entre Estados Unidos y Colombia, históricamente sólida como una alianza estratégica en la lucha antidrogas, ha entrado en territorio desconocido, luego de una batalla de insultos entre los presidente Donald Trump y Gustado Petro. En un rifirrafe que evoca las tensiones de la Guerra Fría en América Latina, el presidente Donald Trump ha calificado a su homólogo colombiano, Gustavo Petro, como un “líder del narcotráfico” y ha anunciado el corte inmediato de toda la ayuda financiera estadounidense al país.
Petro, no menos combativo, replicó en redes sociales tildando a Trump de “grosero e ignorante” con Colombia. Esta escalada verbal, alimentada por bombardeos en el Caribe y disputas sobre soberanía, no solo pone en jaque la cooperación bilateral, sino que amenaza con desestabilizar la economía y la estabilidad política de Colombia. A continuación, un relato cronológico de cómo se llegó a este punto de no retorno.
La chispa inicial: Bombardeos en el Caribe y acusaciones de violación de soberanía (principios de septiembre de 2025)
Todo comenzó a inicios de septiembre, cuando la administración Trump intensificó su “guerra contra el narcotráfico” en el hemisferio occidental. Bajo la doctrina de tratar a los cárteles como “terroristas equivalentes a Al Qaeda”, el Departamento de Defensa de EE.UU. desplegó buques y aviones en el mar Caribe, cerca de las costas venezolanas y colombianas. El 6 de septiembre, un misil estadounidense destruyó un presunto “narcosubmarino” cargado de fentanilo, según inteligencia de Washington. Sin embargo, Colombia protestó de inmediato: el incidente ocurrió en aguas territoriales colombianas, y el gobierno de Petro exigió explicaciones por la posible violación de soberanía.
El 10 de septiembre, el Departamento de Estado de EE.UU. acusó formalmente a Colombia de “falta de cooperación” en la erradicación de cultivos ilícitos, citando un récord histórico en hectáreas de coca cultivadas (según la ONU, más de 230.000 en 2024). Aunque se emitió un waiver temporal para evitar sanciones automáticas, la tensión subió de tono. Petro, en un discurso en la ONU el 25 de septiembre, criticó la “doctrina Trump” como un “imperialismo disfrazado de lucha antidrogas” y revocó temporalmente la visa de su homólogo durante una visita a Nueva York, donde Petro participó en una protesta pro-Palestina y urgió a soldados estadounidenses a “desobedecer órdenes inhumanas”.
La escalada militar: Ataques fatales y reclamos de “asesinato” (octubre de 2025)
El punto de inflexión llegó en octubre. El 12 de octubre, EE.UU. bombardeó otra embarcación sospechosa en el Caribe, el quinto ataque desde septiembre. Pero esta vez, el saldo incluyó víctimas civiles: un pescador colombiano inocente, Alejandro Carranza, murió en Santa Marta, según el gobierno de Petro. El presidente colombiano explotó en X (antes Twitter): “Funcionarios del gobierno de EE.UU. han cometido un asesinato y violado nuestra soberanía en aguas territoriales. El pescador no tenía vínculos con el narco”. El 18 de octubre, Petro demandó respuestas formales y anunció la repatriación de dos sobrevivientes ecuatorianos y colombianos, mientras EE.UU. insistía en que el blanco era un narcosubmarino vinculado a guerrillas izquierdistas.
En respuesta, el secretario de Defensa de Trump, Pete Hegseth, comparó los cárteles con “la Al Qaeda del hemisferio” y amenazó con “perseguir y aniquilar” a cualquier entidad involucrada, incluyendo posibles intervenciones directas si Colombia no actuaba. Petro, exguerrillero del M-19, vio en esto un eco de intervenciones pasadas como la de Panamá en 1989, y replicó: “EE.UU. destruye familias de pescadores en nombre de una guerra fallida”.
El detonante: Insultos presidenciales y el corte de ayuda (19 de octubre de 2025)
El clímax estalló este domingo. Desde su resort Mar-a-Lago en Florida, Trump publicó en Truth Social un mensaje incendiario: “El presidente colombiano Gustavo Petro es un líder del narcotráfico que incentiva la producción masiva de drogas en toda Colombia. Se ha convertido en el mayor negocio del país, y Petro no hace nada para detenerlo, a pesar de los pagos y subsidios masivos de EEUU, que no son más que una estafa a largo plazo. A partir de hoy, estos pagos se detendrán por completo. Petro, con baja calificación y muy impopular, mejor que cierre inmediatamente estos campos de muerte, o EE.UU. lo hará por él, y no será de manera amable”. Trump, quien ha priorizado la frontera sur y el fentanilo en su agenda, justificó la medida como respuesta a la “crisis de opioides” en EE.UU., atribuida en parte a exportaciones colombianas.
La respuesta de Petro
Petro no se hizo esperar. Desde Putumayo, en un hilo en X, el mandatario colombiano contraatacó: “El principal enemigo del narcotráfico en el siglo XXI fui yo, quien descubrió sus lazos con el poder político en Colombia. Le recomiendo a Trump leer bien la historia de Colombia y determinar en qué parte están los narcos y en qué parte los demócratas. Está engañado por sus asesores. Usted es grosero e ignorante con Colombia”. Petro defendió su estrategia de “paz total”, que prioriza inversión social sobre fumigaciones aéreas, y reiteró que sus políticas han reducido cultivos en un 15% este año, con incautaciones récord de cocaína.
La Cancillería colombiana emitió un comunicado rechazando las “amenazas e insultos” como un “ataque grave a la soberanía nacional”, mientras el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, lo calificó de “irrespeto”. En redes, la polarización explotó: petristas llaman a la unidad contra el “imperialismo”, opositores critican la “diplomacia errática” de Petro, y analistas advierten de un “efecto dominó” en la región.
¿Cómo afecta esto a Colombia? Un golpe económico y diplomático en cadena
Esta crisis llega en un momento delicado para Colombia, el mayor exportador mundial de cocaína y receptor de unos 377 millones de dólares anuales en ayuda estadounidense (bajo el Plan Colombia, renovado en 2022 como aliado no OTAN). El corte inmediato impacta directamente:
Económicamente: La ayuda financia programas antinarcóticos, sustitución de cultivos y desarrollo rural en zonas como Putumayo y Nariño, donde el 70% de la coca se cultiva. Su ausencia podría disparar el desempleo rural (ya en 20%), agravar la pobreza (40% de la población) y presionar el PIB, que crece solo al 2% este año. Analistas de Bloomberg estiman una caída del 0.5-1% en el crecimiento, con riesgo de fuga de inversión extranjera (EE.UU. es el principal socio comercial, con 15.000 millones en exportaciones anuales).
Políticamente: Petro, con aprobación por debajo del 30%, enfrenta un Congreso hostil y acusaciones internas de “financiamiento narco” en su campaña. Las acusaciones de Trump legitiman a sus críticos locales, como el uribismo, y podrían avivar protestas o un “impeachment” prematuro. Además, tensiona la “paz total” con guerrillas como el ELN, que operan en fronteras con Venezuela.
Geopolíticamente: Colombia pierde influencia en Washington, clave para migración y extradiciones (más de 1.500 narcos enviados desde 2000). Amenazas de intervención “no amable” evocan traumas históricos, y podrían aliar a Petro con bloques como la CELAC o China (que ya invierte en infraestructura). En la región, vecinos como Ecuador y Panamá temen un efecto contagio, mientras Venezuela celebra el “aislamiento” de Bogotá.
Esta escalada no es solo un duelo de egos: es un recordatorio de que en la era Trump, la “América Primero” choca frontalmente con la soberanía latinoamericana. Colombia, atrapada entre su legado antidrogas y la visión progresista de Petro, debe navegar un mar tormentoso. ¿Diplomacia o confrontación? El continente contiene la respiración.


Por
Por

Por






