
En un discurso cargado de determinación y retórica combativa, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reafirmado este martes su compromiso con la erradicación del narcotráfico en América Latina. Durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, Trump insistió en que “muy pronto” se iniciarán ataques terrestres directos contra redes de narcotraficantes en Venezuela, expandiendo así la controvertida Operación Lanza del Sur.
“Sabemos dónde viven los malos. Vamos a empezar a realizar esos ataques también por tierra. Es mucho más fácil. Acabaremos con esos hijos de perra”, declaró el mandatario, refiriéndose explícitamente a los cárteles vinculados al gobierno venezolano y, en menor medida, a Colombia.
Este anuncio representa una escalada significativa en la estrategia de la administración Trump, que ha clasificado a los principales grupos narcotraficantes como “organizaciones terroristas” y ha autorizado acciones militares sin la aprobación explícita del Congreso. La Operación Lanza del Sur, lanzada oficialmente en noviembre de 2025 por el Pentágono, ha sido presentada como una respuesta “inminente” a la amenaza que representan los “narcoterroristas” para la seguridad nacional estadounidense.
El Origen y Alcance de la Operación Lanza del Sur
La operación, coordinada por el Comando Sur (SOUTHCOM) y la Fuerza de Tarea Conjunta Lanza del Sur (SOUTHERN SPEAR), surgió como una extensión de ejercicios previos de la Armada estadounidense en el Caribe. Anunciada el 13 de noviembre por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, la iniciativa busca “expulsar a los narcoterroristas del hemisferio occidental” mediante operativos navales y aéreos en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico oriental.
Desde su inicio, ha resultado en la destrucción de al menos 21 embarcaciones sospechosas de transportar drogas, con un saldo reportado por el Pentágono de más de 80 muertes entre presuntos narcotraficantes.
El despliegue incluye el portaaviones USS Gerald R. Ford y destructores anfibios estacionados cerca de las costas venezolanas, junto con operaciones de la CIA en territorio hostil. El secretario de Estado, Marco Rubio, enfatizó que “el presidente Trump ha autorizado esto, y el ejército está cumpliendo”, destacando el enfoque en frenar el flujo de drogas hacia EE.UU.
Hasta la fecha, los ataques se han limitado a “narcolanchas” y sumergibles, pero Trump ha advertido que el espacio aéreo venezolano debe considerarse “cerrado en su totalidad” para vuelos civiles, anticipando una fase más agresiva.
La nueva fase: De ataques navales a incursiones terrestres
El giro anunciado hoy marca un cambio paradigmático. Trump, quien ya en octubre había insinuado posibles strikes terrestres, detalló que las fuerzas estadounidenses actuarán “en tierra” contra objetivos específicos en Venezuela, enfocándose en el llamado “Cártel de los Soles”, presuntamente liderado por el presidente Nicolás Maduro.
“Cualquiera que produce cocaína y vende a nuestro país es objeto de ataque, no solo Venezuela”, añadió, extendiendo la amenaza a Colombia, cuyo presidente Gustavo Petro ha sido sancionado por Washington bajo acusaciones de colaboración con el narco.
Esta expansión ha sido justificada por la administración como una “guerra” contra una amenaza inminente, pero ha generado críticas internas. Miembros del Congreso de ambos partidos denuncian la falta de transparencia y la ausencia de autorización legislativa para lo que podría interpretarse como un conflicto armado.
Polémica y Acusaciones de Crímenes de Guerra
La operación no ha estado exenta de controversia. Reportajes recientes, como el publicado por The Washington Post, revelan que en el primer ataque del 2 de septiembre –contra una narcolancha en el Caribe– se ordenó un segundo bombardeo para eliminar a dos supervivientes detectados por drones, bajo instrucciones verbales del secretario Hegseth de “matar a todos” y no dejar testigos.
Trump defendió a su colaborador, afirmando que confía en él y en el almirante Frank Bradley, al mando de las operaciones, describiéndolos como “personas extraordinarias”.
Organizaciones de derechos humanos y líderes internacionales han calificado estos incidentes como potenciales “crímenes de guerra” y “ejecuciones extrajudiciales”. Petro, por su parte, suspendió temporalmente el intercambio de inteligencia con EE.UU., condicionándolo a garantías de respeto a los derechos humanos, mientras que la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum acordó patrullas conjuntas en aguas internacionales para evitar incursiones unilaterales.
En Venezuela, el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, advirtió de “consecuencias incalculables” para una posible “guerra en el Caribe”.
Implicaciones Regionales y Globales
La escalada de Trump podría reconfigurar el mapa geopolítico de América Latina. Países como México han optado por la cooperación limitada, mientras que la Unión Europea, a través del presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, ha apelado al derecho internacional en cumbres como la CELAC-UE.
Analistas advierten que estos operativos podrían exacerbar la inestabilidad en la región, impulsar migraciones masivas y tensar alianzas tradicionales de EEUU.
Mientras tanto, en el hemisferio, la operación se presenta como un éxito preliminar: el Pentágono reporta una reducción en el tráfico marítimo de drogas. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿hasta dónde llegará esta “guerra” declarada por Trump? Con ataques terrestres inminentes, el mundo observa con preocupación un capítulo más en la doctrina de “América Primero” que no duda en proyectar su poder más allá de sus fronteras.



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