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Washington, D.C. – 15 de octubre de 2025 – En una rueda de prensa cargada de tensión este miércoles, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un mensaje directo al líder ruso Vladimir Putin, instándolo a poner fin a la guerra en Ucrania para evitar una escalada que podría involucrar un contraataque ucraniano respaldado por Washington.
“Ucrania quiere contraatacar”, declaró Trump, subrayando la creciente frustración de Kiev ante el estancamiento en el frente. “Tomaré una decisión al respecto, pero ellos querrían contraatacar. Ya lo saben (ustedes), y tendremos que tomar una decisión”, agregó, dejando entrever posibles entregas de misiles de largo alcance como los Tomahawk, que podrían cambiar el curso del conflicto.
La declaración, pronunciada ante un grupo de periodistas en la Casa Blanca, marca un giro en la retórica de Trump, quien ha oscilado entre promesas de una resolución rápida del conflicto –incluso afirmando que podría terminarlo en “24 horas” durante su campaña– y advertencias más firmes contra Moscú. Dirigiéndose implícitamente a Putin, Trump fue tajante: “Deja de matar ucranianos y deja de matar rusos”.
Estas palabras resuenan con sus recientes esfuerzos diplomáticos, incluyendo una llamada telefónica con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski el domingo pasado, donde discutieron la posibilidad de un ultimátum a Rusia para reanudar negociaciones serias o enfrentar un “nuevo paso de agresión” por parte de EEUU.
De la Diplomacia a la Amenaza
El anuncio llega en un momento crítico para el conflicto, que cumple más de tres años desde la invasión rusa en febrero de 2022. Ucrania ha expresado repetidamente su deseo de recuperar territorios ocupados, incluyendo Crimea y partes del Donbás, pero enfrenta un desgaste significativo en el frente debido a la superioridad numérica rusa y la ralentización de la ayuda occidental. Trump, quien asumió el cargo en enero de 2025 con la promesa de priorizar la paz, ha intentado mediar en múltiples ocasiones: desde una cumbre en Alaska en agosto con Putin –que no resultó en avances concretos– hasta reuniones con Zelenski en la Asamblea General de la ONU el mes pasado.
En esa llamada del 13 de octubre, Zelenski reiteró su solicitud de misiles Tomahawk, argumentando que su mera posesión podría forzar a Putin a la mesa de negociaciones sin necesidad de usarlos. Trump confirmó hoy que evaluará esa opción: “Podría tener que hablar con Rusia sobre los Tomahawk. ¿Quieren que vayan en su dirección? No lo creo”. Esta postura contrasta con sus declaraciones iniciales en el cargo, donde enfatizaba “intercambios de tierra” y un posible “congelamiento” de las líneas del frente, propuestas que el Kremlin vio como concesiones favorables.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, respaldó la línea dura de Trump esta semana, afirmando que la OTAN debe tener “capacidades fuertes y reales” para disuadir a Moscú, y advirtiendo que la guerra “no le está haciendo ver bien a Rusia”. Fuentes de la Casa Blanca indican que Trump está “optimista” tras sus éxitos en negociaciones de alto perfil, como el alto el fuego en Gaza, y ve en Ucrania una oportunidad similar para un “gran acuerdo”.
Reacciones: De Kiev a Moscú
En Kiev, la declaración fue recibida con cautela optimista. Zelenski, en un tuit posterior, agradeció el “apoyo inquebrantable” de EE.UU. y reiteró que cualquier contraataque sería “defensivo y proporcional”, enfocado en restaurar la soberanía ucraniana. Analistas militares señalan que los Tomahawk permitirían strikes profundos en territorio ruso –incluso cerca de Moscú–, alterando el equilibrio actual donde Rusia mantiene el momentum con avances en el este de Ucrania, como el reciente asalto cerca de Dobropillya.
Desde Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, respondió que Putin permanece “abierto a conversaciones” pero culpa a Kiev por la “pausa” en el diálogo, insistiendo en eliminar las “causas raíz” del conflicto –un eufemismo para demandas territoriales y la neutralidad ucraniana. Peskov rechazó las acusaciones de Trump sobre colapsos económicos rusos, afirmando un “suministro estable” de combustible pese a las sanciones. Aliados de Putin, como el ministro de Exteriores Serguéi Lavrov, han advertido que armar a Ucrania con misiles avanzados podría llevar a una “guerra nuclear”, elevando las apuestas.
En Europa, líderes de la OTAN como el presidente francés Emmanuel Macron y la canciller alemana Olaf Scholz han instado a Trump a coordinar cualquier decisión con la alianza, temiendo una escalada que desestabilice los mercados energéticos globales. “La paz no se anuncia; se construye”, comentó un funcionario europeo anónimo, recordando el fiasco de la cumbre de Alaska.
¿Paz o Escalada?
La advertencia de Trump plantea interrogantes. Si Putin ignora el llamado, EEUU podría aprobar envíos de armas que fortalezcan la capacidad ofensiva de Ucrania, potencialmente prolongando la guerra, pero también presionando a Rusia hacia concesiones. Expertos como Ivo Daalder, exembajador de EEUU en la OTAN, advierten que la imprevisibilidad de Trump – su “marca registrada” en política exterior– podría ser un arma diplomática, pero también un riesgo: “Puedes anunciar paz, pero sin seguimiento, es solo drama”.


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