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25 de noviembre de 2025 – Un nuevo estudio publicado este mes en la revista Science acaba de dar un vuelco espectacular a una de las teorías más aceptadas sobre el origen de la Luna: el planeta gigante que hace 4.500 millones de años colisionó con la joven Tierra, conocido como Theia, no llegó desde los confines helados del sistema solar, sino que se formó muy cerca del Sol, prácticamente como vecino de la proto-Tierra, en la misma zona donde hoy orbitan Mercurio y Venus.
Este hallazgo, liderado por un equipo internacional de geoquímicos y planetólogos, contradice décadas de modelos que imaginaban a Theia como un cuerpo rico en hielo y agua proveniente de las regiones externas del disco protoplanetario. Si la nueva interpretación es correcta, la Luna no nació de la unión de un mundo “seco” (la Tierra primitiva) y otro “húmedo” (Theia), sino de dos planetas rocosos y áridos formados bajo el intenso calor solar.
La hipótesis del Gran Impacto: breve repaso
Desde los años 70, la comunidad científica acepta casi unánimemente que la Luna se originó tras un cataclismo cósmico: un planeta del tamaño de Marte (Theia) impactó de refilón contra la proto-Tierra. La eyección masiva de material fundido formó un disco de escombros que, con el tiempo, se coalesció en nuestra Luna.
Lo que siempre intrigó a los investigadores es que las rocas lunares y el manto terrestre son isotópicamente casi idénticos, mucho más parecidos de lo que cabría esperar si la Luna estuviera hecha en gran parte por material de Theia. Esto llevó a dos grandes corrientes de pensamiento:
- Theia era químicamente muy similar a la Tierra (lo que implicaba que se formó cerca).
- Theia era muy diferente, pero el impacto fue tan violento que ambos materiales se homogeneizaron por completo.
El nuevo estudio inclina la balanza con fuerza hacia la primera opción.
Las huellas químicas que delatan el origen
Utilizando una técnica de “ingeniería inversa planetaria”, el equipo analizó isótopos de hierro (específicamente las relaciones ⁵⁷Fe/⁵⁴Fe) en 15 rocas terrestres, 6 muestras lunares traídas por las misiones Apolo y varios meteoritos que representan otros cuerpos del sistema solar interno y externo.
Los isótopos actúan como códigos postales cósmicos: cuanto más cerca del Sol se condensó un cuerpo, más ligeros tienden a ser sus isótopos de hierro debido a la mayor radiación y temperatura. Los resultados fueron contundentes:
- Tanto la Tierra como la Luna muestran firmas isotópicas típicas del sistema solar interno caliente.
- No hay evidencia significativa de material proveniente de la zona externa rica en hielos (donde se formaron los cometas y muchos asteroides carbonáceos).
- Por deducción, Theia también debió formarse en la misma región cercana al Sol.
“Esperábamos encontrar alguna señal de un cuerpo exótico, pero simplemente no está ahí”, explicó uno de los autores principales, el Dr. Damanveer Grewal, de la Universidad de Arizona. “Theia era, en esencia, un hermano mayor de la Tierra y Venus”.
Adiós al “Theia húmedo”
Durante años se pensó que la mayor parte del agua terrestre llegó gracias al impacto de Theia o de cuerpos similares provenientes de más allá de Júpiter. Este nuevo escenario obliga a replantear el origen del agua en nuestro planeta: o bien la proto-Tierra ya tenía más agua de lo que se creía (quizá atrapada en minerales desde su formación), o los aportes posteriores de asteroides y cometas fueron mucho más importantes de lo estimado.
¿Qué queda de Theia dentro de la Tierra?
Aunque Theia se formó cerca del Sol, los modelos dinámicos indican que una fracción de su núcleo (quizá entre el 2 % y el 5 % de la masa terrestre) pudo hundirse hasta el fondo del manto y formar las misteriosas “zonas de ultra-baja velocidad sísmica” (LLSVP), dos enormes estructuras detectadas bajo África y el Pacífico que algunos científicos ya habían propuesto como “trozos fosilizados” del impactor.
Un sistema solar más ordenado de lo que creíamos
El estudio refuerza la idea de que el sistema solar temprano estaba sorprendentemente bien segregado: los planetas rocosos se formaron cerca del Sol con materiales refractarios y secos, mientras que los gigantes gaseosos y los cuerpos helados quedaron relegados a las regiones externas. Las migraciones caóticas que trajeron agua a la Tierra habrían ocurrido después, durante el llamado “Bombardeo Intenso Tardío”, hace unos 4.000 millones de años.
Próximos pasos
Los autores ya están analizando isótopos de otros elementos (como titanio, cromo y oxígeno) en nuevas muestras lunares que traerá la misión china Chang’e-6 y en las que recolectará la futura Artemis de la NASA. Cada dato adicional ayudará a afinar el porcentaje exacto de Theia que aún yace en el interior de nuestro planeta.
Hace 4.500 millones de años, dos mundos nacidos bajo el mismo calor solar se encontraron en una danza mortal. De su abrazo violento nació la Luna y, con ella, las mareas, las estaciones estables y quizá las condiciones que hicieron posible la vida tal como la conocemos.


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