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Viernes, 24 de octubre de 2025.- La administración Trump contra Moscú en su segundo mandato, Estados Unidos ha impuesto sanciones sin precedentes a las dos mayores compañías petroleras rusas, Rosneft y Lukoil, consideradas por expertos como las más dolorosas desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022.
Estas medidas, anunciadas el 22 de octubre por el secretario del Tesoro Scott Bessent, buscan asfixiar la principal fuente de ingresos del Kremlin –el sector energético, que representa cerca de la mitad de las exportaciones rusas de crudo– y forzar un alto al fuego inmediato en el conflicto ucraniano.
Sin embargo, el presidente ruso Vladimir Putin minimizó su impacto el 23 de octubre, mientras que su homólogo ucraniano Volodímir Zelenskyy replicó con una denuncia contundente: las sanciones son un “problema doloroso” para Putin personalmente.
El Golpe al Petróleo Ruso: ¿El Más Duro Hasta Ahora?
Las sanciones estadounidenses incluyen la inclusión en lista negra de Rosneft y Lukoil, junto con más de 30 subsidiarias, y amenazan con medidas secundarias contra instituciones financieras extranjeras que faciliten sus transacciones, especialmente en China, India y Turquía –los principales compradores de crudo ruso desde que Europa redujo sus importaciones.
Según el Departamento del Tesoro, estas acciones responden al “rechazo de Putin a poner fin a esta guerra sin sentido” y degradan la capacidad del Kremlin para financiar su máquina bélica, en un momento en que Rusia ya enfrenta un presupuesto federal deficitario y presiones inflacionarias.
Expertos coinciden en que este paquete es el más severo hasta la fecha: afecta directamente al 50% de las exportaciones de petróleo ruso, que generan unos 200.000 millones de dólares anuales para el erario moscovita.
El anuncio provocó un salto del 5% en los precios globales del crudo, beneficiando indirectamente a productores como Arabia Saudita, pero generando inquietud en mercados asiáticos dependientes del petróleo barato ruso.
Además, la Unión Europea aprobó simultáneamente su 19º paquete de sanciones, prohibiendo importaciones de gas natural licuado ruso y apuntando a la “flota sombra” de tanqueros que evade restricciones previas.
El contexto es clave: Trump canceló una cumbre planeada con Putin en Budapest, frustrado por las demandas maximalistas del líder ruso, y optó por la presión económica en lugar de la diplomacia directa.
“Es hora de detener la matanza y de un cese al fuego inmediato”, declaró Bessent, urgiendo a Moscú a comprometerse seriamente con la paz.
Putin Desestima: “No Afectarán Nuestro Bienestar Económico”
El 23 de octubre, Putin respondió con su habitual estoicismo, calificando las sanciones como un “acto hostil” que “no fortalece las relaciones ruso-estadounidenses”, pero insistiendo en que Rusia “nunca se doblegará bajo presión” y que no impactarán significativamente su economía.
En declaraciones a periodistas, el presidente ruso admitió que las medidas son “serias” y tendrán “ciertas consecuencias”, pero enfatizó que el sector energético ruso se siente “confiado” y que Moscú ha desarrollado “inmunidad” a tales embates.
Incluso bromeó sobre cómo las sanciones podrían impedir que Occidente importe “inodoros rusos”, minimizando el dolor económico.
Esta postura desafiante no es nueva: Putin ha repetido que las sanciones previas –impuestas por Biden y aliados europeos– fallaron en colapsar la economía rusa, que creció un 4% en 2024 pese a las restricciones.
Sin embargo, analistas advierten que el impacto acumulativo podría ser devastador: India y China ya suspenden compras temporales de crudo ruso por temor a sanciones secundarias, lo que podría recortar miles de millones en ingresos.
En redes sociales, como X (anteriormente Twitter), usuarios destacan la resiliencia rusa, con posts virales de asesores de Putin afirmando que “solo el diálogo, no las sanciones, traerá paz”.
Zelenskyy Contraataca: “Las Sanciones Son Dolorosas para Putin Personalmente”
No tardó en llegar la réplica desde Kiev. En su discurso ante el Consejo Europeo en Bruselas el 23 de octubre, el presidente ucraniano Volodímir Zelenskyy desmontó las afirmaciones de Putin con crudeza: “Aunque los rusos ya han enviado al mundo la señal de que su economía no se ve afectada por las sanciones, todo el mundo lo ve todo: colas en las gasolineras rusas, la quiebra de las regiones rusas y el déficit del presupuesto federal ruso. Las sanciones son uno de los problemas más dolorosos para Putin, para él personalmente”.
Zelenskyy, quien visitó Londres el 24 de octubre para reunirse con líderes europeos en una “coalición de los dispuestos”, elogió las sanciones estadounidenses como un “gran paso” de Trump y urgió a extenderlas a todas las petroleras rusas, no solo a Rosneft y Lukoil.
Agregó que Europa muestra “voluntad política” para redirigir los activos rusos congelados –valorados en cientos de miles de millones– hacia el apoyo total a Ucrania, incluyendo producción de armas domésticas y compras de misiles de largo alcance.
“Cuando Putin evita la diplomacia, bluffs o escala el terror, debe haber fuerte presión para traerlo de vuelta a la realidad”, enfatizó, llamando a más coordinación global para que Rusia “sienta las pérdidas reales de su guerra”.
Esta respuesta no solo expone las grietas en la narrativa rusa –con reportes de colas en gasolineras y quiebras regionales ya circulando en medios independientes–, sino que refuerza la estrategia ucraniana: combinar presión económica con avances militares, como ataques con drones a refinerías rusas.


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