19 mayo, 2024

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Reuben Morales | Cómo NO se debe pedir un favor

¿me puedes hacer un favor?”. Por ello y para evitar caer en la trampa de un favor que no quiera realizar, aquí le dejamos las cinco formas más engañosas de pedir favores.
pedir un favor

Las tres peores clases de escalofríos que puede sentir un ser humano son las siguientes: cuando vas a una cita amorosa y no te pasa la tarjeta, cuando llevas una semana sin que le venga la menstruación a tu pareja y cuando escuchas “¿me puedes hacer un favor?”. Por ello y para evitar caer en la trampa de un favor que no quiera realizar, aquí le dejamos las cinco formas más engañosas de pedir favores.

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La primera de éstas es la que denominamos el favor meloso. Es una modalidad muy practicada por mujeres que se saben hermosas. Consiste en que ellas llegan muy sonrientes y coquetas y le dicen a uno: “¡Esa camisa te queda espectacular!… ¡Te resalta los músculos!”. A lo que uno responde “Gra… gra… gracias”. Y justo cuando te tienen sedado y con las defensas abajo, te sueltan: “Porque justo necesito esos músculos para que me ayudes a bajar una caja de ollas que está en el depósito de la azotea” (¡y cuántas tareas de matemáticas no me sacaron así en bachillerato!).

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Hay otro tipo de favor parecido que no engancha por un cortejo, sino por el halago que le hacen a uno para subirle el ego. El favor suele comenzar con palabras como “Príncipe”, “Hermano querido”, “Admirado y respetado”, “Tú eres el indicado” y cuando uno ya cree que tiene más méritos que el inventor de la vacuna contra la flojera de los lunes, entonces vienen y te lanzan el zarpazo: “Ayúdame ahí a empujar la moto por las escaleras hasta el piso 17 porque se me quedó sin gasolina y no sirve el ascensor”.

Luego tenemos el favor de tía mayor. Es un favor que te pide una tía, valiéndose de que tú le debes una larga lista de favores (como haberte cambiado los pañales unas veinte veces). Además, al pedir dicho favor, siempre aprovechan de meter una pequeña tosecita preocupante. Usted puede detectarlo fácilmente porque es algo así: “Mijito… (TOSECITA DE POR MEDIO)… mire, es que me he estado sintiendo malita (NUEVA TOSECITA) y quería pedirle el favor de que me lleve al automercado a comprar unas cositas (TOSECITA REMATADORA)”.

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Luego el problema no está en el favor en sí. El inconveniente aparece cuando ya están en el automercado y la tía dice: “Papito, mire, aprovechando que ya estamos en el automercado, acompáñeme a la tintorería que está aquí al lado”. Luego, en la tintorería, dice: “Ay, y aprovechando que estamos en la tintorería, pasemos por la ferretería un momento”. Por lo cual es importante llevarse la lección de que apenas escuche la palabra “aprovechando”, arranque a correr como si usted le hubiese robado el celular a un policía.

Existe otra especie de favor maligno: el favor en diminutivo. Suelen usarlo con la finalidad de que algo salga gratis. El mismo puede detectarse fácilmente, pues quien lo pide suele agudizar la voz diciendo: “Amiguito… ¿tienes unos minuticos ahorita para un diseñito chiquitico de un loguito, rapidito, una tonteríita?” (y el tamañito del encarguito en verdad es ese diminutivito multiplicadito por el doblecito).

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Por eso, si quiere sacudirse a este tipo de personas, respóndale lo siguiente: “Amiguito… no tengo tiempito porque voy saliendito a pagar unas deuditas con el banquito para evitar un embarguito de la casita de mi familita. Ya sabes… una tonteríita”.

Y, por último, tenemos la pedida de favor más efectiva de todas: el favor consulta-agenda. Ante éste, siempre finja tener una agenda llena de compromisos, pues el favor siempre lo comienzan con una oferta sumamente tentadora, así como: “¿Qué vas a hacer este sábado a las 8 de la noche?”. Ante lo cual uno se va de jeta: “¡NADA!… ¿¿PA’ DÓNDE VAMOS??”. Y es ahí cuando le lanzan la estocada: “Perfecto, porque necesito que me ayudes a mudarme. Quedas anotado”.

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Sí esto le llega a pasar, simplemente ponga una excusa que suene muy rimbombante, como: “Ay, es que justo ese día, a esa hora, me voy a practicar una barnizada de glándula sudorípara lateral como post-ritual de higienización” (así usted sepa que eso es solo echarse desodorante después del baño).

¡Listo!…

Con esto espero haber contribuido a que usted no vuelva a caer en otra pedida engañosa de favores. Solicitudes incómodas y fastidiosas, así como: “¿Tienes un chancecito de compartir un articulito de un escritorcito con cinco de tus contacticos que no te llevará ni cinco minuticos de tu tiempito?”.

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