Colectivos armados Venezuela

¿Qué pasará con los colectivos armados en Venezuela durante la transición? Esto dicen los analistas

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Caracas / Washington, 3 de febrero de 2026 — Un mes después de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y el inicio de una transición tutelada por Washington, los colectivos armados —esos grupos paramilitares progubernamentales que durante años actuaron como brazo represivo y de control territorial del chavismo— se han convertido en uno de los principales desafíos para la estabilización del país.

Analistas, think tanks y organizaciones de seguridad coinciden en que estos grupos no desaparecerán fácilmente y representan un riesgo significativo para el proceso en curso. A continuación, las principales proyecciones que manejan los expertos.

Escenario principal: continuidad y resistencia parcial

La mayoría de los analistas coincide en que los colectivos no se desarmarán de forma voluntaria ni masiva en el corto plazo. Según Insight Crime y el analista Andrés Cañizalez (UCAB), estos grupos —que nacieron como organizaciones comunitarias y mutaron hacia estructuras armadas tras el golpe de 2002— han perdido motivación ideológica, pero conservan intereses económicos (extorsión, control de mercados locales, narcotráfico y minería ilegal).

  • Mantienen control territorial en barrios populares de Caracas, Valencia, Maracaibo y otras ciudades.
  • Siguen siendo el grupo criminal más cercano al centro de poder chavista actual (especialmente vinculados a figuras como Diosdado Cabello).
  • Han intensificado patrullajes y retenes tras la captura de Maduro, actuando como fuerza de intimidación.

Para Cañizalez, “va a ser mucho más difícil desarmarlos en una eventual transición”, ya que su armamento, entrenamiento y vínculos con sectores radicales del oficialismo los convierten en actores poderosos.

Escenario de fragmentación y guerra asimétrica

El Atlantic Council y expertos como Jason Marczak y Alexander Plitskas advierten que, si la transición profundiza la exclusión del ala dura chavista, los colectivos podrían fragmentarse y optar por una resistencia armada prolongada.

  • En el peor escenario, se unirían a unidades militares disidentes y facciones criminales para iniciar una guerra asimétrica (ataques selectivos, sabotajes, control de zonas periféricas).
  • Podrían transformar regiones enteras en “zonas en disputa”, prolongando la inestabilidad incluso después de la caída formal del régimen madurista.
  • Think tanks como Crisis Group señalan que grupos como La Piedrita, Tupamaros y otros colectivos mantienen lealtades ideológicas antimperialistas y podrían percibir cualquier acuerdo con Washington como “traición”.

Escenario pragmático: cooptación o neutralización selectiva

Algunos analistas plantean que la administración Trump y el gobierno interino de Delcy Rodríguez podrían intentar cooptar o neutralizar selectivamente a los colectivos:

  • Ofreciendo amnistías condicionadas, integración en fuerzas de seguridad o incentivos económicos a líderes dispuestos a desmovilizarse.
  • Combinando presión militar (con apoyo estadounidense) y operaciones de inteligencia para desarticular a los más intransigentes.
  • Margarita López Maya (en EL PAÍS) advierte que cualquier transición democrática deberá “neutralizar en unos casos, y liquidar en otros” estas fuerzas tóxicas que fueron sustento del madurismo.

Sin embargo, este camino enfrenta dos obstáculos: la lealtad de muchos colectivos a figuras como Cabello (quien podría usarlos como carta de negociación) y la falta de monopolio real de la fuerza por parte del nuevo gobierno.

Conclusión: un desafío central para la estabilidad

Los colectivos no son un actor marginal. Controlan territorios, poseen armamento significativo y han demostrado capacidad de movilización. Para la mayoría de los analistas consultados (Insight Crime, Atlantic Council, Crisis Group, WOLA), representan el principal riesgo de inestabilidad en la transición venezolana de 2026.

Mientras Washington prioriza la reactivación petrolera y la normalización económica, la seguridad ciudadana y el desmonte de estas estructuras armadas informales serán pruebas decisivas. Si no se logra neutralizar su influencia —ya sea por negociación, presión o fuerza—, Venezuela podría enfrentar una prolongada fragmentación de facto del territorio y un aumento de la violencia en zonas urbanas y periféricas, frustrando cualquier esperanza de recuperación plena.

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