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Washington, EE.UU. – 11 de noviembre de 2025.- El portaviones nuclear USS Gerald R. Ford, el buque de guerra más avanzado y letal de la Armada de Estados Unidos, ha completado su tránsito hacia el mar Caribe, marcando un hito en la escalada militar de la administración Trump contra el narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales. Medios internacionales como The New York Times, Reuters y The Guardian han dedicado amplios reportajes al movimiento del buque insignia, destacando su potencial para operaciones de vigilancia, interdicción y, posiblemente, ataques a tierra en Venezuela. Esta despliegue, que suma más de 5.500 efectivos, eleva la presencia naval estadounidense en la región a cerca de 15.000 tropas, un 50% más que hace un mes.
Detalles del despliegue
El USS Gerald R. Ford (CVN-78), con capacidad para más de 75 aeronaves incluyendo cazas F/A-18 Super Hornet y aviones de alerta temprana E-2 Hawkeye, partió de su despliegue programado en el Mediterráneo el 24 de octubre, tras una orden directa del secretario de Defensa Pete Hegseth. El buque, impulsado por dos reactores nucleares que triplican la potencia eléctrica de sus predecesores clase Nimitz, cruzó el Estrecho de Gibraltar el 4 de noviembre, escoltado por la fragata española Numancia (F-83), y llegó a aguas caribeñas este martes, según confirmaron fuentes del Departamento de Defensa a través de observadores navales.
Acompañado por el Grupo de Ataque del Portaviones 12 (CSG-12), que incluye destructores como el USS Bainbridge (DDG-96) y el USS Mahan (DDG-72), el Ford se une a una flota ya robusta en el Caribe: ocho buques adicionales, como el USS Iwo Jima (LHD-7), el USS San Antonio (LPD-17) y destructores como el USS Gravely (DDG-107), operando bajo el Comando Sur de EE.UU. (USSOUTHCOM). El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, enfatizó en un comunicado que esta “presencia mejorada” busca “detectar, monitorear y disrupting actividades ilícitas que amenazan la seguridad de la patria estadounidense”.
Expertos navales señalan que el traslado, inusual por su urgencia –cortando meses de ejercicios con la OTAN–, podría tomar entre 5 y 7 días adicionales para posicionarse óptimamente, con el destructores avanzando a velocidades de 20-25 nudos hacia Puerto Rico y aguas cercanas a Trinidad y Tobago.
Contexto geopolítico
El avance del Ford responde a la directiva presidencial de Donald Trump para desmantelar “organizaciones criminales transnacionales (TCOs)” y contrarrestar el “narco-terrorismo”, en un contexto de tensiones crecientes con Venezuela. La administración ha intensificado operaciones letales: solo la semana pasada, un ataque aéreo contra un “barco de drogas” en el Caribe mató a seis presuntos narcotraficantes, y dos sobrevivientes fueron rescatados y repatriados a Colombia y Ecuador. Medios como CNN y Político destacan que esta escalada podría extenderse a objetivos terrestres, incluyendo instalaciones de carteles en costas venezolanas, bajo el pretexto de defender el hemisferio occidental.
El despliegue representa el 14% de la flota de combate de la Armada de EEUU en el área de responsabilidad de USSOUTHCOM, un aumento drástico desde los 10.000 efectivos iniciales. Analistas citados por The Aviationist advierten que, aunque portaviones como el Ford han realizado “visitas de buena voluntad” en el Caribe antes, esta redirección de una misión europea para una posible operación de combate es “altamente inusual”.
Cobertura mediática internacional
Los medios globales han cubierto el evento con énfasis en sus implicaciones estratégicas. The New York Times tituló “Portaviones entra al Caribe mientras EE.UU. confronta a Venezuela”, subrayando el refuerzo de capacidades para strikes contra embarcaciones o blancos terrestres, y citando preocupaciones británicas sobre el intercambio de inteligencia debido a los ataques a botes. Reuters reportó el “aumento de la presencia militar en Sudamérica” en medio de tensiones con Caracas, recordando que el Ford, comisionado en 2017, es el “buque de guerra más grande del mundo” con más de 5.000 marineros a bordo.
The Guardian, desde una perspectiva crítica, describió el movimiento como “militarización ratificada del Caribe” por Trump, con docenas de jets stealth y aviones de vigilancia acercándose a la costa venezolana. En América Latina, Zona Militar confirmó la llegada del CSG-12, integrándolo a operaciones que incluyen un submarino de ataque nuclear y escuadrones de F-35 en Puerto Rico. Fox News y Navy Times, por su parte, lo enmarcaron como un “apoyo a esfuerzos antinarcóticos”, con el Ford bolstering la capacidad de EE.UU. contra el flujo de drogas hacia el norte.
Reacciones y preocupaciones
El presidente Trump celebró el despliegue en redes sociales, afirmando que “protegerá a América de los narco-terroristas”. Sin embargo, críticos como el analista militar retirado Mark Milley advirtieron de riesgos de escalada regional, especialmente con Venezuela acusando a EE.UU. de “agresión imperialista”. Países aliados como Colombia han expresado apoyo cauteloso, mientras que China y Rusia han condenado la “interferencia” en un comunicado conjunto.
Organizaciones de derechos humanos, citadas por The Guardian, temen colaterales en operaciones terrestres, recordando strikes previos que afectaron civiles. El gobierno venezolano, liderado por Nicolás Maduro, ha movilizado defensas costeras, elevando el tono retórico.
Este avance del USS Gerald R. Ford no solo redefine la dinámica de poder en el Caribe, sino que subraya la apuesta de Washington por una doctrina de “defensa proactiva” contra amenazas asimétricas. Mientras el buque insignia surca aguas tropicales, el mundo observa si esta proyección de fuerza disuadirá el crimen organizado o avivará nuevos conflictos.


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