Jesús Mazzei | Caldera: El arte de gobernar

El pasado 24 de diciembre, recordamos la memoria y la obra de Rafael Caldera, a un año más del fin de su ciclo vital...
Jesús Mazzei | Caldera

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Su lección de vida política está allí como el último gran gobernante de la Venezuela contemporánea, ojalá las nuevas generaciones de políticos, estudien, reflexionen y mediten, sobre los ejemplos que, como Caldera, nos legaron.

El pasado 24 de diciembre, recordamos la memoria y la obra de Rafael Caldera, a un año más del fin de su ciclo vital, cuando hoy requerimos de gobernantes en el arte de gobernar. Tomando prestadas ideas fuerzas kissingerianas entre otras como: sentido de las proporciones balance de poder e intereses vitales y secundarios, observamos que esto estan ausentes en la actual realidad política venezolana, falta de sentido de la ubicación y sobriedad a la hora de actuar en un oficio tan delicado como es la política y sobre todo en funciones de gobierno, donde se debe actuar sin histrionismo y con ausencia de sentido común. En efecto, hoy deseo compartir con mis apreciados lectores, su faceta de Statemanship. Caldera, tuvo un claro sentido de estado y del poder, de su conducción y del sentido de las proporciones, que de él derivaban en la acción gubernativa y política en general.

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Este artículo lo baso en mi experiencia personal, como asistente de la secretaría de la Comisión Bicameral de Reforma Constitucional durante los años de 1989-1992, y de interesantes conversaciones con mis amigos los Drs. Rafael Tomás Caldera, Andrés Caldera, Fernando Egaña y Fernando Febres, y de la lectura de dos textos invalorables para mi persona, que me permitieron conocer más a fondo al actor político que supo organizar, distribuir y coordinar las labores de gobierno que abarca desde tomar decisiones difíciles, recibir cuenta ministerial, dirigir el consejo de ministros, conversar con adversarios políticos y no enemigos como es el caso de la conceptualización actual de la política, o interactuar con sus pares extranjeros en visitas de estado u oficiales en forma sobria, alto sentido de lo que significa la representación de una nación en el mundo exterior, y es a lo que me refiero de Caldera como hombre de estado, en primer lugar, a la conferencia que dictó hace ya unos años, en el IESA el 23 de mayo de 1985 ”La Presidencia de la República: Reflexiones sobre una experiencia” inestimable testimonio de cómo era el día a día de las funciones de gobierno y creo que el único testimonio vivo sobre estos asuntos dejados por cualquiera de nuestros Jefes de Estado y el otro, un artículo, para analizar al estadista, que fue este insigne venezolano del siglo XX, el texto de Fernando Egaña, su leal colaborador desde muy joven: El viejo en Miraflores. Comentarios y vivencias sobre el presidente Rafael Caldera en su segundo gobierno (1994-1999), del libro Rafael Caldera: estadista y pacificador en el centenario de su nacimiento 1916-2016, el cual recomiendo su consulta para que observen cuán difícil es la tarea y ardua de cómo es el gobernar.

En otro orden de ideas, político, muchas veces menospreciado y chivo expiatorio hoy de todos los males de la Venezuela reciente, en forma injusta, cuando otros, son los verdaderos responsables de la tragedia que vive el país, en estos últimos años, por haber contribuido con diversos instrumentos de apoyo a la llegada y sostenimiento de la actual experiencia gubernamental (comunicacional, infraestructural, financiero a los que ha significado el chavomadurismo como forma de hacer políticas públicas en estos últimos 25 años).

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En efecto, de mis recuerdos y vivencias, puedo afirmar que Caldera, fue un político de estado, organizado, metódico, que sabía conducir y manejar grupos de individuos con sentido de dirección y cuales objetivos debían cumplir, a los fines de lograr la meta establecida y los objetivos planteados. Caldera, supo cumplir cabalmente las premisas del buen gobernante, es decir, tomar decisiones, en momentos de incertidumbre o certeza, interactuar con los ministros, altos funcionarios de la administración pública que él designó, llevar a cabo reuniones de Consejo de Ministros, conducción y negociación al interno fueron, saber cuándo delegar, interactuar en el mundo exterior en forma gallarda que hacia enaltecer la majestad Presdiencial venezolana, nunca hizo el ridículo, a mí manera de ver los elementos complejos y dinámicos, de entender y comprender, reflexionar, sobre el arte de gobernar, otra cualidad saberse rodear y acompañar en esta compleja y difícil tarea. Caldera, a fin de cuentas, como gobernante tuvo actitud prudente y serena para manejar los temas y asuntos de gobierno con visión estratégica, experiencia y conocimiento internacional y capacidad de juicio probada. Englobó lo político, el ámbito de toma de decisiones políticas y seguimiento administrativo; la administración pública hacia la innovación elástica, formación de equipos de trabajo, y estar en permanente actualización rumbo hacia la realización de propuestas y planes de acción del gobierno.

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Caldera de acuerdo a sus propias palabras y al testimonio, de quien fuera su Ministro de Estado; Jefe de la OCI y viceministro de la Secretaria, Fernando Egaña, “…recibía por lo menos a cada uno de sus ministros por lo menos una vez a la semana, en un día y hora fijo y por un tiempo de sesenta minutos. Algunos ministros, como los de Relaciones Interiores, Exteriores, Defensa y Hacienda, tendrían dos cuentas semanales, y el de la Secretaria tendría al menos dos reuniones diarias. El Jefe de la Casa Militar tendría cuenta todas las mañanas, y desde luego que sería continuo el despacho con la secretaria personal y el secretario privado; aquella más delicada al dominio de las relaciones personales y sociales del Jefe del Estado, y este a la compleja confección de la agenda y coordinación de actividades de gobierno. El esquema fue cumplido rigurosamente, salvo en las ocasiones en que el presidente estuviera fuera del país o por causa de alguna conmemoración especial. Todos los ministros de Caldera, sabían cuándo les correspondería la cuenta semanal, y así podían organizar mejor su ejercicio ministerial.

También dispuso que las sesiones ordinarias del gabinete se realizarán los miércoles a partir de las 10:30 am. El Consejo de Ministros por lo general duraba entre tres y cuatro horas y se ceñía a la agenda previamente autorizada el día antes por él. Luego de leída y aprobada el acta de la sesión anterior, los ministros de Relaciones Interiores y Exteriores ofrecían un breve informe, y posteriormente se procedía al examen de los numerosos ítems de la agenda, cuyo grueso lo componían las decisiones fiscales y presupuestarias del aparato estatal, además de la revisión de los proyectos de leyes, decretos-leyes y la obligada consideración de temas que exigieran una respuesta inmediata del Consejo. Lo que no cabía en las sesiones era el “dibujo libre” o la disquisión desordenada y sin ánimo de conclusión efectiva. No favorecía Caldera que el gabinete se convirtiera en un foro político de tipo generalista. Es lógico que hubiera situaciones que ameritaban una deliberación más política que propiamente gubernativa o administrativa, y por ello tenían lugar, pero no era el propósito principal del Consejo de Ministros en el criterio Presidencial…”. Esto no deja claro, como conducía las cuentas y las deliberaciones del Consejo de Ministros, con claro sentido de dirección y responsabilidad.

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Caldera, se manejó así, en las diversas experiencias en los últimos años de vida de acción política, que tuvo como por ejemplo, en la Presidencia de Diputados y en las Comisiones parlamentarias que le tocó presidir ( Ley del Trabajo y Reforma Constitucional) y de lo que fue su conferencia del IESA que es claramente palpable del difícil arte de gobernar, y que guardo como testimonio de un político que se identifica con las cualidades que García-Pelayo, enumero como elementos fundamentales de un buen y eficiente político: gobernar es más complejo, es optar entre opciones, es saber que se quiere, saber que se puede y que no se puede hacer, saber cuándo hay que hacerlo y finalmente, cómo hay que hacerlo, y en democracia, es un labor más compleja. Entonces, pues, su lección de vida política está allí como el último gran gobernante de la Venezuela contemporánea, ojalá las nuevas generaciones de políticos, estudien, reflexionen y mediten, sobre los ejemplos que, como Caldera, nos legaron en el correcto proceder en el difícil y complejo arte de gobernar.


Finalmente, por ser este mi último artículo del año 2023, quiero desearle a mis apreciados y respetados, lectores un Feliz Año 2024, lleno de paz, salud, prosperidad y bienestar para todos sus seres queridos y amigos, y que sea un año de cambio.

jesusmazzei@gmail.com

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