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La tensión entre Hungría y Ucrania escaló drásticamente el 6 de marzo de 2026 por el estancado tránsito de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba (Amistad), una infraestructura soviética clave que suministra crudo a Hungría y Eslovaquia desde Rusia, pasando por territorio ucraniano.
El secretario de Estado del Ministerio de Energía húngaro, Gábor Czepek, emitió un ultimátum a Kiev: Ucrania tiene 3 días hábiles para restablecer el flujo de petróleo o permitir el ingreso de un equipo de inspectores húngaros (y posiblemente eslovacos) para evaluar los daños en la estación de bombeo de Brody y verificar el estado técnico del oleoducto. De lo contrario, Budapest intensificará sus contramedidas.
El primer ministro Viktor Orbán endureció el tono en discursos y publicaciones en redes sociales: afirmó que Hungría “romperá el bloqueo petrolero ucraniano por la fuerza” y que usará “herramientas políticas y financieras” para obligar a Ucrania a reabrir el tránsito “sin condiciones y lo antes posible”. Orbán descartó explícitamente acciones militares directas, pero insistió en que no habrá compromisos ni negociaciones hasta que el suministro se normalice, vinculándolo directamente a la seguridad energética húngara y a la campaña electoral interna (elecciones parlamentarias el 12 de abril).
Contexto del conflicto
El oleoducto Druzhba quedó interrumpido a finales de enero 2026 tras un ataque ruso con drones que dañó instalaciones en Ucrania occidental.
Kiev alega daños graves (internos y no visibles externamente) que requieren tiempo y condiciones de seguridad para reparaciones, y ha mostrado reticencia a priorizar la reparación mientras dure la guerra.
Hungría y Eslovaquia acusan a Ucrania de bloquear deliberadamente el tránsito por motivos políticos, como represalia a la postura pro-Rusia de Orbán y Fico, y para influir en los precios del combustible en Hungría antes de las elecciones.
Como represalias, Hungría ha vetado un paquete de ayuda UE de 90.000 millones de euros a Ucrania, nuevas sanciones contra Rusia, y suspendido envíos de diésel (e incluso amenazado con cortar suministros eléctricos de emergencia).
La disputa ha dividido aún más a la UE, con Bruselas pidiendo inspecciones independientes y acceso al sitio, mientras Orbán presiona a Von der Leyen y Costa para que “neutralicen” lo que califica de “ataque energético” ucraniano. Zelenski, por su parte, ha respondido con dureza, insinuando que no reparará el oleoducto bajo presión y priorizando la defensa nacional.
Este episodio agrava la crisis energética en Europa Central y pone en jaque la unidad europea frente a Rusia, en un momento crítico para el apoyo a Ucrania.


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