
Miami, 19 de noviembre de 2025 – El Comando Sur de Estados Unidos (Southcom) ha elevado la apuesta en el Caribe con el anuncio de ejercicios de fuego real protagonizados por cazas de ataque, un paso audaz en la ya tensa Operación Lanza del Sur. Esta maniobra, que transforma patrullajes rutinarios en simulacros de guerra abierta, envía un mensaje inequívoco: Washington está listo para cualquier contingencia en una región donde el narcotráfico y las rivalidades geopolíticas bullen como nunca.
La acción se llevó a cabo con los versátiles AV-8B Harrier II del Cuerpo de Marines, asignados a la élite 22ª Unidad Expedicionaria de Marines (MEU). Esta fuerza de reacción rápida se especializa en operaciones anfibias. Estos “saltamontes del cielo” son famosos por su capacidad de despegue y aterrizaje vertical o corto (V/STOL). Ellos pueden despegarse desde la cubierta del USS Iwo Jima, un imponente portahelicópteros de asalto que se incorporó recientemente a la flotilla caribeña.
Anuncian preparación para cualquier amenaza
En los ejercicios, los Harrier simularon ataques de precisión contra objetivos flotantes, disparando munición real en un radio de 200 millas náuticas, según un comunicado oficial de Southcom.”No es solo vigilancia; es preparación integral”, enfatizó el almirante Alvin Holsey, jefe interino de Southcom, en una conferencia virtual desde Panamá.
La MEU, con unos 2.200 marines a bordo, integra no solo aviación de ataque, sino infantería, artillería y vehículos blindados, proyectando un poder combinado terrestre-marítimo-aéreo que podría desplegarse en horas ante cualquier amenaza.
Lanza del Sur, lanzada a inicios de noviembre, ya ostenta el título de la mayor concentración naval estadounidense en el Caribe desde la Crisis de los Misiles en los 60. Incluye dos portaaviones (USS Abraham Lincoln y USS Dwight D. Eisenhower), destructores guiados por misiles y submarinos, con ejercicios conjuntos que involucran a aliados como Colombia, Panamá y República Dominicana. Oficialmente, el foco es la “interdicción del narcotráfico y amenazas transnacionales”, como el Cartel de los Soles. EEUU dice que esta organización terrorista está vinculado al régimen venezolano– y maneja las rutas de cocaína que inundan la región.
Sin embargo, el timing no podría ser más incendiario. Venezuela, bajo Nicolás Maduro, ha denunciado la operación como un “ensayo para invasión imperialista”, movilizando milicias y alertando a aliados como Rusia y China. Caracas acusa a EE.UU. de violar su soberanía, especialmente tras la designación de Maduro como “terrorista” por narcotráfico en octubre. Analistas en X y medios como The Wall Street Journal ven en estos disparos reales un “aviso a Caracas”. Si las negociaciones para un relevo pacífico fallan, la fuerza podría seguir a la diplomacia.
Para los isleños del Caribe y la diáspora venezolana, el eco de los Harrier resuena como promesa y temor. “Es disuasión, no agresión”, tuiteó un oficial anónimo de Southcom. Pero en un hemisferio donde la migración ya satura fronteras –Colombia alberga 2,8 millones de venezolanos–, cualquier chispa podría encender un incendio regional. Mientras los cazas rugen sobre aguas turquesas, el mundo contiene el aliento: ¿maniobra defensiva o preludio a tormenta?



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