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Francia está desplegando alrededor de una docena de buques de guerra, incluido su poderoso grupo de ataque con portaaviones nuclear Charles de Gaulle, en el Mediterráneo, el Mar Rojo y potencialmente el Estrecho de Ormuz, como parte de un esfuerzo defensivo para proteger a aliados y garantizar la seguridad de las rutas marítimas clave amenazadas por el conflicto en Oriente Medio.
El presidente Emmanuel Macron anunció esta medida este lunes 9 de marzo de 2026, confirmando el envío de ocho fragatas adicionales, dos portahelicópteros anfibios y el portaaviones Charles de Gaulle (acompañado de su escuadrón aéreo Rafale, fragatas de escolta y sistemas de defensa aérea). El despliegue, inicialmente ordenado el 3 de marzo para redirigir el grupo desde el Báltico y el Atlántico Norte hacia el Mediterráneo oriental (donde ya se encuentra cerca de Creta y Chipre), se enmarca en una misión “puramente defensiva” coordinada con socios europeos y aliados.
Preocupación por Chipre
Macron, en declaraciones desde Chipre y en un mensaje nacional, explicó que Francia impulsa una coalición internacional para escoltar buques comerciales, reabrir progresivamente el Estrecho de Ormuz (cerrado por acciones iraníes y que afecta al 20% del petróleo y gas mundial) y reforzar la seguridad en el Mar Rojo, sumándose a la misión europea ASPIDES con al menos dos fragatas adicionales. El objetivo: proteger activos estratégicos, bases aliadas y la navegación libre ante amenazas de drones, misiles y bloqueos derivados de la guerra entre EEUU, Israel e Irán.
Este movimiento representa uno de los mayores despliegues navales franceses en décadas fuera de ejercicios OTAN, destacando el único portaaviones nuclear no estadounidense en el mundo. Fuentes militares indican que incluye refuerzos en radares, aviones de vigilancia y sistemas antidrones para contrarrestar la proliferación de amenazas asimétricas iraníes.
El despliegue llega en un momento crítico: con el Estrecho de Ormuz prácticamente paralizado (miles de buques y marineros atrapados), el Canal de Suez bajo tensión y precios del petróleo en récord, Francia busca disuadir escaladas y asegurar sus intereses energéticos y comerciales, mientras mantiene una postura de no intervención directa en ofensivas.
Un gesto de fuerza europea que refuerza la presencia occidental en la región y podría marcar un punto de inflexión en la crisis.


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