
La reciente IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea (UE) en Santa Marta, Colombia, fracasó en su intento de revitalizar la alianza estratégica birregional. El encuentro, concebido como un hito para la cooperación, se vio rápidamente opacado por la notable y menguada asistencia de jefes de Estado y de Gobierno, con apenas nueve mandatarios presentes en la plenaria. Este bajo nivel de participación expuso la escasa prioridad que muchos líderes, tanto europeos como latinoamericanos, otorgan a este foro, debilitando el peso político y la capacidad de negociación de la Cumbre.
La atmósfera de desaire se sintió desde el inicio, confirmando los temores previos de un posible fracaso que el anfitrión, Gustavo Petro, intentó sortear. El encuentro duró solo un día debido a las ausencias y regresos anticipados. La ausencia de figuras clave, como los presidentes de México, Chile y Argentina, así como de numerosos líderes europeos, socavó el espíritu de unidad y redujo la Cumbre a un espacio donde se reafirmaron más las diferencias que las convergencias, frustrando las ambiciones de una Declaración de Santa Marta ambiciosa.
El discurso explosivo de Petro y la advertencia de Lula
El anfitrión, Gustavo Petro, utilizó la tarima para lanzar un discurso abiertamente confrontacional que subió la tensión en el Caribe. Su intervención no se enfocó en el diálogo birregional, sino que se centró en una fuerte crítica a las operaciones de Estados Unidos en la región, calificándolas de “ejecuciones extrajudiciales” y comparando el despliegue militar en el Caribe con los bombardeos en Gaza. Petro, con un tono estridente, desvió la atención de los ejes de cooperación y profundizó la polarización geopolítica.
En este marco de alta tensión, Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil intervino para criticar las “maniobras retóricas” que buscan justificar las intervenciones en América Latina, alineando su postura con la preocupación por la soberanía regional. Lula se mostró molesto con la injerencia de asuntos externos, especialmente la presión por incluir referencias directas a conflictos globales en la Declaración, insistiendo en que la agenda debía centrarse en los problemas y desafíos propios de América Latina y el Caribe. El presidente brasileño, aun asistiendo, evidenció su frustración ante la dificultad de la región para consolidar una voz unificada e independiente.
La debilidad de la CELAC ante la crisis global
La Cumbre evidenció la fragilidad del consenso en la CELAC y su dificultad para actuar como un bloque cohesionado frente a la UE. Los debates se extendieron más de lo previsto en un intento desesperado por lograr la aprobación de la Declaración de Santa Marta, que finalmente se logró con el rechazo al “uso de la fuerza” en el Caribe, sin mencionar directamente a Estados Unidos. La politóloga colombiana Sandra Borda señaló que la “poca coreografía y mucha improvisación” en la organización también desalentó la participación. La reunión fracasó en proyectar la imagen de un multilateralismo fuerte, dejando el futuro de la relación birregional en un estado de incertidumbre y a la espera de un verdadero liderazgo.
Fuentes: El País, SWI swissinfo.ch, Yahoo Noticias, EFE, Infobae, DW (Deutsche Welle)
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