
La esencia de una república moderna reside en la soberanía popular, el Estado de derecho y la autonomía en la toma de decisiones. Estos pilares garantizan que el poder emane del pueblo y que la nación pueda forjar su propio destino sin injerencias externas. Sin embargo, la caracterización de Venezuela —llamada República y luego República Bolivariana— se ha desviado trágicamente de estos principios.
El desmantelamiento de la soberanía energética
Durante trece años, el discurso del fallecido Chávez resonó con una furiosa retórica “anticapitalista y antineoliberal”, promoviendo alianzas con China, Rusia e Irán para “diversificar el mercado” del crudo venezolano. Era la narrativa de la independencia y el multilateralismo (pese a que estos países también funcionan con economías capitalistas) frente al “imperialismo yanqui”. Pero la realidad cambió de forma vertiginosa. El pasado 3 de enero de 2026, tras la captura del hoy preso Nicolás Maduro, se produjo también un cambio relámpago en la Ley de Hidrocarburos, orquestado por la procónsul transaccional Delcy Eloína, quien utilizó la mayoría parlamentaria, otrora chavista, para desmantelar una de las leyes más celadas por el difunto presidente. Este movimiento legislativo, tan “eficiente” como inesperado, rompió con la línea discursiva establecida y subrayada por más de dos décadas, alineando a Venezuela a las directrices económicas impuestas, paradójicamente, por los Estados Unidos.
Ante esta súbita metamorfosis, surge la siguiente pregunta: ¿fue este un salto olímpico del cogollo revolucionario hacia los brazos del “imperialismo norteamericano” o un pacto secreto de espaldas al pueblo para cumplir las órdenes de su ahora “mejor amigo”?
La pérdida de autonomía sobre los recursos petroleros, ahora sujetos a licencias y aprobaciones de Washington, sugiere una claudicación de nuestra soberanía que va más allá de las peculiares circunstancias y las diferencias ideológicas. Todo venezolano que se precie de serlo debe prestar atención; no sea que se termine de entregar el cheque en blanco.
El Rodrigato y la traición del silencio
Ese cogollo madurista-rodriguista que acusó a “Raimundo y a todo el mundo” de terrorista y traidor a la patria, ahora, con laxitud descarada, ha entregado dócilmente y sin rendir cuentas nuestra sagrada soberanía. ¿Esto cómo se llama? Se llama traición. Traición a nuestra soberanía, traición a la independencia, traición a la República y traición a las futuras generaciones de venezolanos.
La República se desvaneció no en manos de la “derecha” —como se chantajeaba y manipulaba al pueblo humilde permanentemente—, sino en manos de la falsa izquierda del “Rodrigato”, cuya evidencia axiomática es el ejercicio de este protectorado informal a través del cual se rige el destino del país.
Desde la tumba, ¿qué “pensará” el difunto Chávez ante el silencio del “Superman” Diosdado Cabello y del inamovible Padrino López? Ambos, tan “valientes” detrás de las cámaras y micrófonos de VTV, no fueron capaces de percutar un solo disparo para “defender la soberanía”. Ese 3 de enero quedó en evidencia cuán cobardes son; quedaron petrificados. Si hubiesen tenido un ápice de vergüenza, ambos debieron haber renunciado a sus cargos ese mismo día.
Me contó una fuente confiable…
Me contó una fuente confiable que todo el “cogollo socialista” sabe que el fallecido Chávez olfateó, en el año 2006, las verdaderas intenciones de Delcy Eloína, botándola del cargo de ministra de la Presidencia en el que recién la había designado. La destituyó por haber generado desconfianza ante él. Según mi fuente, Chávez avizoró el puñal bajo la manga de esta siniestra mujer, llegando a calificarla como una “yeguita de Troya” que intentaba infiltrarse en su revolución.
Sin embargo, echándola de ese cargo solo logró postergar el plan durante siete años, ya que mediante su mayor error, el difunto Chávez pidió a sus seguidores que votaran por el “escuchador de chismes marginales”, Nicolás Maduro, quien raudo y veloz se envolvió en el manto del Rodrigato, ejerciendo estos el verdadero poder detrás del trono, habida cuenta de la debilidad mental de Maduro. Allanado así, el camino, lento pero seguro, hacia este planificado desenlace.
Venezuela, luego del 3 de enero, NO es soberana
Venezuela, luego del 3 de enero, NO es soberana. La etiqueta “bolivariana” se les derrumbó y la “república” se desmoronó, bajo el peso de la “dependencia norteamericana” que fija el precio y comercializa nuestro petróleo. No conforme con ello, también le ordena a su proconsul Delcy Eloina, el destino que deben tener los recursos, producto de las ventas. Se paso de la retórica de la resistencia ideológica a la práctica de la sumisión pusilánime y servil. Sumisión voluntaria.
Se nos rige, por la antiquísima figura del vulgar protectorado informal utilitario ; Delcy Eloina, es la gustosa proconsul Transaccional y la Venezuela de hoy, NO es: NI BOLIVARIANA NI REPÚBLICA.
“No escribo para agradar al Poder, sino para que la verdad no muera en silencio”.
Por: Émile Zola.
E-mail: SoyEmileZola@gmail.com
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