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El pasado 12 de abril de 2026, el editorial board del The Washington Post publicó un contundente artículo de opinión titulado “Why democracy still matters in Venezuela” (“Por qué la democracia sigue importando en Venezuela”). En él, el periódico —uno de los más influyentes de Estados Unidos— reconoce los avances logrados tras la detención de Nicolás Maduro ordenada por el presidente Donald Trump en enero de 2026, pero advierte con claridad: sin elecciones reales y sin una transición democrática creíble, Venezuela no podrá atraer las inversiones a largo plazo que necesita para reconstruir su economía.
El editorial, que fue rápidamente comentado en redes por el periodista Orlando Avendaño (@OrlvndoA), resume el núcleo del argumento con una frase lapidaria que el propio post tradujo al español: “Jamás habrá confianza ni tranquilidad para inversiones a largo plazo mientras Venezuela sea gobernada por un régimen que puede secuestrar estadounidenses. Para que haya dinero, debe haber democracia”.
¿Qué dice exactamente el Washington Post?
El texto reconoce que, desde la captura de Maduro, el gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez ha mostrado mayor cooperación: levantó sanciones impuestas en 2018, aprobó legislación para permitir más inversión privada y extranjera en energía y minería, y ha intentado atraer de vuelta a las grandes petroleras. Sin embargo, el Post sostiene que esto no es suficiente.
Cita el ejemplo histórico de lo ocurrido bajo Hugo Chávez: ExxonMobil y ConocoPhillips perdieron miles de millones de dólares por expropiaciones y nacionalizaciones. Hoy, aunque la producción petrolera ha repuntado a más de un millón de barriles diarios gracias a reformas liberalizadoras, los principales ejecutivos de estas empresas siguen expresando “temor razonable”. Darren Woods, CEO de Exxon, calificó a Venezuela de “uninvertible” y exigió una “transición hacia un gobierno representativo”. Ryan Lance, de ConocoPhillips, consideró las reformas “lamentablemente inadecuadas”.
El argumento central del editorial es económico y pragmático, no solo ideológico:
- La economía venezolana depende de inversiones a largo plazo en la industria petrolera.
- Las empresas no solo envían capital: envían empleados, incluyendo ciudadanos estadounidenses.
- Recordatorio doloroso: seis ejecutivos de Citgo (cinco de ellos estadounidenses) fueron retenidos como rehenes por el régimen de Maduro durante casi cinco años para presionar por la liberación de sobrinos del dictador acusados de narcotráfico.
- El aparato de seguridad del Estado sigue lleno de “matones socialistas” y Rodríguez enfrenta rivales internos. ¿Qué impedirá que secuestren más estadounidenses en el futuro?
Por eso, concluye el Post, “sin elecciones, Venezuela seguirá operando bajo el espectro del chavismo”. La democracia no es un lujo moral: es una condición indispensable para la credibilidad ante los inversores internacionales. No se trata de una “campaña de democracia al estilo Irak”, aclara el periódico. Sino de una “reconocimiento de la realidad” para los negocios de todo el mundo.
Análisis: ¿Por qué este editorial es relevante?
- Pragmatismo por encima de la ideología: El Washington Post, habitualmente crítico con Trump, elogia aquí la operación que sacó a Maduro del poder y reconoce que la administración Trump está usando “zanahorias” (incentivos) para cooptar a los nuevos líderes. Pero advierte que apostar solo por estabilidad autoritaria (manteniendo a Rodríguez y sus aliados) es un error estratégico. La credibilidad de Trump también está en juego.
- El factor “secuestro” como disuasivo real: El editorial no habla en abstracto. Trae a colación el caso concreto de los rehenes de Citgo. Es un recordatorio brutal para Wall Street y las petroleras: mientras exista un aparato de seguridad heredado del chavismo que pueda tomar rehenes estadounidenses, ninguna empresa sensata invertirá miles de millones. Ese es el mensaje que Orlando Avendaño resaltó en su post: sin democracia, no hay confianza.
- Interés mutuo EEUU-Venezuela: El Post subraya que el potencial económico de Venezuela beneficia tanto a venezolanos como a estadounidenses (más petróleo, más estabilidad regional, menos migración). Pero ese potencial solo se libera con instituciones confiables, Estado de derecho y elecciones.
- Contexto post-Maduro: Tras la detención de Maduro, Venezuela vive un momento de transición frágil. Rodríguez ha sido “dócil”, pero el Post deja claro que un gobierno interino sin legitimidad electoral no genera la seguridad jurídica que exigen Exxon, ConocoPhillips y cualquier gran inversor. La democracia no es solo el deseo de la oposición; es la única garantía creíble para que el dinero fluya.
El llamado del Washington Post no es aislado
En paralelo, el politólogo venezolano Nicmer Evans, en una carta pública dirigida al secretario de Estado Marco Rubio publicada el 7 de abril de 2026, plantea un argumento idéntico al del Washington Post. Evans advierte que “la estabilidad no es la antesala de la democracia, es su resultado” y sostiene que priorizar la estabilización provisional bajo el actual gobierno interino solo genera más incertidumbre.
Evans dice que sin elecciones libres e inmediatas que otorguen legitimidad popular, no habrá certeza jurídica ni confianza para las inversiones a largo plazo que el país necesita, especialmente en petróleo e infraestructura. “Qué inversionista extranjero pondrá capital en un país cuyo marco legal es provisional y cuya legitimidad es cuestionada por la falta de una validación democrática inmediata?”, pregunta Evans, recordando que el capital es “cobarde ante la incertidumbre”. Para que el dinero fluya y beneficie realmente al pueblo, concluye, Venezuela debe tener un “dueño legítimo”: el ciudadano expresándose en las urnas. Así, tanto el Post como Evans coinciden en lo esencial: sin democracia real, no hay dinero ni futuro económico estable.
En resumen, el editorial del Washington Post no es un panfleto ideológico. Es un análisis frío de lo que los mercados y las empresas ya saben. Un régimen que puede secuestrar a ciudadanos estadounidenses y expropiar inversiones no es un socio confiable. Como bien tituló Avendaño en su post: “Para que haya dinero, debe haber democracia”.
Venezuela tiene petróleo, tiene recursos y, ahora, una ventana de oportunidad tras la salida de Maduro. Pero, según el Post, solo con elecciones creíbles podrá pasar de “uninvertible” a destino de capitales. El reloj corre. Y los inversores, como los ejecutivos de Exxon y Conoco, ya lo dejaron claro: sin democracia, no hay trato.


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