
El colapso del régimen de Nicolás Maduro, culminado con su captura por fuerzas especiales de Estados Unidos el 3 de enero de 2026 en Fuerte Tiuna, abrió un debate inevitable: ¿por qué las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) prácticamente no ofrecieron resistencia?
A partir de testimonios iniciales y reportes preliminares, algunos analistas han propuesto una comparación incómoda pero reveladora: el desempeño de la FANB durante la incursión estadounidense recuerda al patrón histórico de derrotas de varios ejércitos árabes frente a Israel en los conflictos de 1948, 1967, 1973 y 1982. La analogía no apunta a un paralelismo cultural literal, sino a fallas estructurales recurrentes: jerarquías rígidas, doctrinas obsoletas, desconfianza interna, fragmentación del mando y órdenes que incentivan la retirada antes que la resistencia organizada.
Aunque Venezuela no es una sociedad tribal, el funcionamiento interno del aparato militar bajo el chavismo parece haber reproducido dinámicas similares, amplificadas por una doctrina de inspiración soviética y una dependencia tecnológica rusa ineficaz frente a capacidades OTAN. A continuación, exploramos esta comparación y sus implicaciones, con base en información disponible hasta enero de 2026.
El patrón histórico de los ejércitos árabes: lecciones de derrotas repetidas
Los conflictos árabe-israelíes han sido ampliamente estudiados como casos de fallas militares sistémicas. Autores como Norvell De Atkine, en su ensayo Why Arabs Lose Wars (1999), identifican una combinación de factores doctrinales y culturales que afectaron a ejércitos como los de Egipto, Siria o Jordania.
Entre ellos destacan:
- Centralización extrema del mando, que inhibía la iniciativa de oficiales subalternos.
- Miedo a tomar decisiones independientes, por temor a castigos si fracasaban o a represalias si el éxito eclipsaba a un superior.
- Lealtades faccionales o personales, que debilitaban la cohesión operativa.
- Adopción de doctrina soviética rígida, poco adaptable a escenarios dinámicos.
Estos problemas se evidenciaron dramáticamente en la Guerra de los Seis Días (1967), cuando la aviación árabe fue destruida en tierra, y en la guerra de Yom Kippur (1973), donde avances iniciales colapsaron por fallas de coordinación y adaptación. La superioridad numérica no compensó la falta de operaciones combinadas, inteligencia eficaz y flexibilidad táctica. Como resumió el analista David Rodman, muchos de estos ejércitos “fallaron sistemáticamente en aprender de sus propias derrotas”.
El caso venezolano: paralelismos en la incursión de Fuerte Tiuna
La operación estadounidense en Fuerte Tiuna —complejo neurálgico del poder militar venezolano— combinó ataques aéreos de supresión, inserción por helicópteros y una acción rápida de fuerzas especiales que culminó con la captura de Maduro sin resistencia significativa.
Fragmentación interna y desconfianza estructural
Uno de los elementos más citados por analistas es la escasa o nula coordinación entre el personal cubano encargado de la seguridad presidencial y las unidades venezolanas. Reportes preliminares indican que buena parte del contingente cubano sufrió bajas durante bombardeos iniciales contra áreas de alojamiento, mientras que la respuesta posterior fue mínima.
La pregunta clave sigue siendo:
¿por qué las tropas venezolanas no actuaron en el principal complejo militar del país?
Testimonios sugieren que muchas unidades ni siquiera sabían que Maduro se encontraba allí, ya que su custodia estaba en manos de un círculo cerrado de personal cubano que desconfiaba abiertamente de los militares venezolanos. Esta separación funcional —denunciada en el pasado por exjefes chavistas— generó un sistema de “compartimentos estancos” donde la información crítica no circulaba.
Aunque Venezuela no presenta divisiones tribales étnicas, la fractura entre un núcleo “pretoriano” extranjero y la tropa nacional produjo un efecto comparable: lealtades personales y faccionales por encima de una cadena de mando integrada.
Doctrina, órdenes contradictorias y parálisis operativa
Otro factor clave fue la doctrina de “guerra popular prolongada” impulsada por Maduro en 2025. Esta estrategia ordenaba a las tropas dispersarse, vestirse de civil y prepararse para una resistencia guerrillera posterior. En la práctica, el mensaje fue interpretado como licencia para huir.
Ante los bombardeos iniciales, muchas unidades se disolvieron sin combatir. Videos difundidos en redes muestran soldados vestidos de civil advirtiendo a la población sobre una “zona de matanza”, priorizando la supervivencia individual sobre cualquier intento de defensa organizada.
Esto refleja un patrón clásico de doctrinas hipercentralizadas:
- la iniciativa no es recompensada,
- la información no fluye,
- y sin una orden explícita, nadie actúa.
Varios testigos afirman que, pese a observar helicópteros, muchos soldados no dispararon porque no recibieron confirmación de que se trataba de fuerzas enemigas, o asumieron que eran aeronaves propias.
Tecnología rusa: entre la propaganda y la realidad
A esto se sumó el pobre desempeño del equipamiento militar. Sistemas antiaéreos como el S-300 y el Buk-M2E, adquiridos para disuadir amenazas externas, resultaron ineficaces frente a aeronaves stealth y misiles de última generación, replicando patrones ya observados en Ucrania.
En varios casos, los sistemas no fueron activados por temor a ser localizados y destruidos de inmediato. El uso de artillería antiaérea ZU-23-2 contra jets avanzados fue descrito por especialistas más como un gesto simbólico que como una defensa real.
La brecha entre los desfiles militares y la capacidad operativa quedó brutalmente expuesta.
¿Analogía válida o simplificación excesiva?
La comparación con los ejércitos árabes resulta útil en varios aspectos:
- muestra cómo doctrinas rígidas y mandos autoritarios inhiben la adaptabilidad,
- evidencia cómo la lealtad al líder sustituye a la cohesión institucional,
- y confirma la vulnerabilidad de sistemas rusos frente a capacidades OTAN.
Sin embargo, la analogía tiene límites. Venezuela no posee tribalismo estructural, y algunos analistas subrayan que el deterioro económico, las sanciones y el abandono del mantenimiento explican mejor el colapso que cualquier rasgo cultural inherente.
Además, no puede ignorarse el mérito de la operación estadounidense: fue rápida, precisa y quirúrgica. La FANB podía simular operatividad en actos propagandísticos, pero carecía de preparación real para un conflicto moderno.
Implicaciones para el futuro venezolano
El episodio expone la fragilidad institucional de la FANB y podría acelerar deserciones, purgas o reformas bajo el gobierno interino de Delcy Rodríguez. En el plano geopolítico, debilita el eje con Rusia y Cuba, y abre la puerta a un realineamiento estratégico.
Para cualquier proceso de reconstrucción nacional, la lección es clara: no hay soberanía sin fuerzas armadas profesionales, integradas y no politizadas. Si Venezuela repite los errores —como ocurrió históricamente en otros contextos— el ciclo de inestabilidad continuará.
En el contexto de transición de 2026, este “efecto árabe” funciona menos como insulto y más como advertencia: La rigidez autoritaria no sobrevive a las amenazas del siglo XXI.



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