
Un análisis sobre cómo el Efecto Tocqueville explica el colapso del sistema democrático en Venezuela y el ascenso del chavismo, demostrando que las revoluciones no estallan por miseria extrema, sino por expectativas frustradas.
Decía el filósofo George Santayana, en su primer libro The Life of Reason (La vida de la razón), “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo” pero contrario a lo que comúnmente se asume de la frase, el planteamiento se refiere a la capacidad de comprender y retener la experiencia social y política por la que la sociedad ha atravesado.
La idea de que las revoluciones no estallan en periodos de opresión extrema o pobreza absoluta, sino cuando las condiciones empiezan a mejorar y las reformas se quedan cortas respecto a las expectativas— es un marco teórico interesante para analizar el colapso del sistema democrático bipartidista en y el ascenso al poder de Chávez en 1998.
1. El paralelismo:
La mejora socioeconómica genera expectativas desmedidas
En (El antiguo régimen) y la revolución francesa, Tocqueville señala que el campesino francés del siglo XVIII no estaba sumido en la servidumbre medieval; de hecho, era propietario de tierras y su vida había mejorado sensiblemente en comparación con la de sus antepasados o la de los campesinos del Este de Europa.
Sin embargo, esa misma mejora avivó la intolerancia hacia los privilegios feudales que aún persistían.
La “Gran Venezuela” y el Pacto de Puntofijo
Entre los años 50 y 70, experimentamos un progreso socioeconómico sin precedentes en América Latina.
La democracia instaurada en 1958 masificó la educación, la salud pública, la infraestructura y creó una próspera clase media gracias a la renta petrolera.
El problema:
La población venezolana no comparaba su situación con la de países centroamericanos o andinos más pobres; comparaba su estándar de vida con las promesas de prosperidad infinita del Estado rentista.
La insatisfacción creciente: Cuando el modelo empezó a estancarse en la década de 1980 (el “Viernes Negro” de 1983, el Caracazo de 1989 y los planes de ajuste económico), la población percibió el estancamiento o la caída no como una vicisitud macroeconómica, sino como una traición intolerable del sistema político. La diferencia entre lo que esperaban recibir y lo que obtenían creó un abismo de resentimiento.
2. El colapso de las instituciones intermedias y la élite aislada
Tocqueville argumentaba que la monarquía francesa había despojado a la nobleza de su función pública útil (gobernar localmente), pero le había dejado sus privilegios (exención de impuestos). La aristocracia se convirtió en una casta parasitaria y aislada.
En el caso venezolano:
Los partidos tradicionales (AD y COPEI): Funcionaron durante unas tres décadas como “cuerpos intermedios” que articulaban muy bien las demandas sociales.
Sin embargo, para los años 90, la administración pública que se había concebido en bonanza no podía con ese presupuesto, la partidocracia se había burocratizado y seguramente hubo desconexión de las realidades ciudadanas.
La percepción de ese hecho político:
Mientras se pedía austeridad a la población, la percepción de corrupción en las élites políticas y económicas proyectó la imagen de una “clase privilegiada” que no compartía el costo de la crisis.
Esto despojó de legitimidad al liderazgo tradicional y éste es un hecho que en la actualidad nuevamente se repite.
3. La llegada de la solución radical
Tocqueville destaca que, ante la falta de experiencia política práctica y la desconexión de los cuerpos intermedios, el pueblo francés abrazó las doctrinas abstractas y radicales de los filósofos ilustrados, buscando una reestructuración total del Estado en lugar de reformas graduales.
Cuando Chávez irrumpió en la escena política, no canalizó la desesperanza de un pueblo sumido en la miseria absoluta de forma estática, sino la frustración de una sociedad que recordaba la bonanza y resentía que el sistema democrático le había robado su futuro.
La demanda se convirtió en vez de ajustar las finanzas públicas en refundar la República por completo. Con Tocqueville bien entendido, las revoluciones no estallan en periodos de opresión extrema o pobreza absoluta, sino cuando las condiciones empiezan a mejorar y las reformas se quedan cortas respecto a las expectativas, eso exactamente fue lo que pasó en Venezuela, la pobreza y el hambre cómo herramienta política de control.
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