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Eber Díaz, propietario de Agropecuaria Hermanos Díaz 3000, transformó su vida al abrazar el cultivo de fresas en El Jarillo, Miranda. En una entrevista con José Gregorio Yépez en Punto de Corte este 19 de junio, Díaz relató cómo pasó de comerciante a agricultor. La verdad es que todo comenzó con 1,000 plantas, sin un plan de negocio claro. “Me enamoré de las fresas”, confesó, con un brillo de pasión. Hoy, sus tres hectáreas producen 500 cajas semanales, y el mercado, desde el centro hasta el oriente del país, demanda sus fresones. Díaz, junto a 30 trabajadores, enfrenta retos diarios, pero su amor por el campo lo mantiene firme. Y es que, como un sembrador que cuida sus raíces, apuesta por quedarse en Venezuela pese a las dificultades.
Fresas: Un reto apasionante
Díaz explicó que las fresas exigen dedicación total. “El mercado nos pidió fresas, y nos arriesgamos”, dijo. Importan plantas Monterrey desde Chile, vía Proplanta en Colombia, adaptadas al clima frío de El Jarillo, a 1,850 metros de altura. En X, usuarios elogian la calidad de estas fresas, comparándolas con “joyas rojas”. Sin embargo, los insumos, que subieron un 50%, son un obstáculo. Díaz sueña con cultivar las ocho hectáreas de su finca, pero necesita $200,000 para lograrlo. “Es como construir un sueño, paso a paso”, afirmó, con esperanza. Su equipo, mayormente mujeres, cuida las plantas con delicadeza, asegurando una producción de hasta un kilo y medio por planta al año.
De la panadería al campo
Además de las fresas, Díaz maneja una panadería en El Jarillo, empleando a 36 personas. En total, genera 70 empleos directos. “No mezclo los negocios, pero uno sostiene al otro”, explicó, con un toque de orgullo. Y es que su historia refleja resiliencia: mientras muchos emigraron, él se quedó. En El Nacional, destacan su aporte a la comunidad, ofreciendo desayuno, almuerzo y cena a sus trabajadores. La finca usa invernaderos y riego automatizado, ahorrando un 60% en costos. “Es como cuidar un tesoro delicado”, dijo sobre las fresas. Este modelo, aunque de “pulmón propio” sin créditos, inspira a otros productores a apostar por el campo venezolano.
Un futuro con más fresas
Díaz no piensa rendirse. “Los retos me motivan”, aseguró. Planea expandir la producción, generando hasta 90 empleos más con la inversión adecuada. En redes, agricultores piden al gobierno apoyo con insumos para replicar su éxito. Y es que, para Díaz, las fresas son estabilidad y sustento. “Es el alimento que llega a las casas de mis trabajadores”, afirmó, con emoción contenida. Su historia, como un fruto maduro, muestra que el trabajo duro y la pasión pueden transformar un pueblo. El Jarillo, gracias a Díaz, brilla como un ejemplo de resistencia y amor por la tierra.
Comunidad y resistencia
La finca de Díaz no solo produce fresas, sino también esperanza. “Aquí nadie piensa en irse del país”, dijo, resaltando la dedicación de su equipo. Expertos subrayan que iniciativas como esta revitalizan zonas rurales. La comunidad, agradecida, ve en Díaz un líder que invierte en su gente. Y es que, con cada caja de fresas, El Jarillo envía un mensaje: el campo venezolano sigue vivo. Este emprendimiento, forjado con esfuerzo propio, desafía las adversidades y apunta a un futuro más próspero.
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