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Donald Trump sacude el debate sanitario global este lunes 22 de septiembre al vincular directamente el paracetamol con el autismo durante el embarazo. En una rueda de prensa en la Casa Blanca, el mandatario estadounidense, flanqueado por el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr., urge a las mujeres gestantes a evitar este analgésico, ingrediente clave del Tylenol, salvo en casos extremos de fiebre alta.
“No lo tomen, es un factor clave en el autismo”, declara Trump con énfasis, citando estudios que su equipo interpreta como prueba irrefutable. Fuentes cercanas al gobierno, como reporta The Washington Post, filtran que este anuncio marca un “avance histórico” en la lucha contra la “epidemia de autismo” en EE.UU., donde los diagnósticos han escalado de 1 en 20.000 a 1 en 31 niños. Sin embargo, expertos independientes cuestionan esta narrativa: un megaestudio sueco con 2,5 millones de niños descarta cualquier riesgo causal, ajustando datos familiares para eliminar sesgos.
Kennedy, conocido por su escepticismo hacia las farmacéuticas, lidera la ofensiva. Él destaca que su administración revisa investigaciones de Harvard y Mount Sinai, que sugieren asociaciones preliminares entre el paracetamol en las primeras semanas de gestación y trastornos neurodesarrollales.
“Hemos movilizado a cientos de científicos para erradicar esta exposición”, afirma el secretario, quien promete resultados de ensayos masivos financiados por los Institutos Nacionales de Salud.
La portavoz Karoline Leavitt refuerza el mensaje: “El presidente y su equipo ajeno al sistema ofrecen una perspectiva fresca; escuchen con mente abierta antes de juzgar”. Trump, entusiasmado, adelanta en Air Force One el domingo: “Implementaremos cambios inmediatos para proteger a nuestras familias”.
La comunidad médica rechaza el vínculo paracetamol-autismo y alerta sobre impactos reales.
La sociedad americana de obstetricia y ginecólogos desmonta la tesis de Trump: décadas de evidencia confirman la seguridad del paracetamol en embarazos, y su ausencia podría exponer a madres e hijos a fiebres no tratadas, peores para el desarrollo fetal.
“No hay causalidad probada; esto genera pánico innecesario”, advierten epidemiólogos como Peter Hotez, quien critica el uso político de datos mixtos. Kenvue, fabricante de Tylenol, ve caer sus acciones un 14% y responde: “La ciencia independiente descarta este nexo; prioricen consultas médicas”.
Más allá del paracetamol, Trump promociona la leucovorina, análoga del ácido fólico, como “solución mágica” para mitigar síntomas autistas. Ensayos preliminares muestran mejoras en comunicación infantil, pero la FDA insiste en más validación antes de recomendarla ampliamente.
El anuncio, en un acto conmemorativo de Charlie Kirk, aviva teorías conspirativas: Trump evoca a los amish y cubanos como “pruebas” de bajos índices autistas por evitar fármacos modernos, aunque datos cubanos revelan subdiagnósticos por falta de recursos, no ausencia de casos.
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