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En un contexto de transición política forzada en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026, el artículo de María Martín publicado en El País el 16 de febrero de 2026 arroja luz sobre tensiones internas en las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB). Titulado “El malestar con la actual cúpula militar venezolana crece en los cuarteles por la falta de rendición de cuentas tras los ataques para capturar a Maduro”, el texto revela un “descontento brutal” en la alta jerarquía militar, centrado en la prolongada permanencia del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y otros mandos clave.
Este análisis explica el contenido del artículo, contextualiza su relevancia y evalúa sus implicaciones para la estabilidad venezolana en un momento de cambio radical.
Resumen del Artículo Original
El artículo de Martín, basado en fuentes interlocutoras de la alta jerarquía militar, describe un malestar creciente que ya no se oculta en los pasillos de los cuarteles venezolanos. El foco principal es la falta de “oxigenación” en la cúpula, es decir, la ausencia de relevos que permitan ascensos y renovación. Vladimir Padrino López, quien lleva casi 12 años como ministro de Defensa, es señalado como un “tapón” que bloquea la progresión de otros oficiales, junto con figuras como el Comandante Estratégico Operacional y el Comandante General del Ejército.
Este descontento se agrava por la operación militar estadounidense “Resolución Absoluta”, que resultó en la captura de Maduro y su esposa Cilia Flores, causando cerca de un centenar de bajas entre el anillo de seguridad (principalmente oficiales cubanos) y civiles. Las fuentes consultadas cuestionan por qué Padrino y otros no han renunciado o rendido cuentas ante el fracaso en defender el territorio, pese a advertencias previas de preparación para una “batalla”. Los sistemas antiáereos rusos y chinos fallaron estrepitosamente, exponiendo vulnerabilidades en una de las fuerzas armadas más numerosas de América Latina.
Martín también destaca una frustración económica y desmoralización profunda en la institución, con multiplicadas solicitudes de retiro anticipado, incluso entre generales, quienes buscan oportunidades en el sector privado como la seguridad energética. El artículo perfila a Padrino: un caraqueño de 63 años, formado en la Escuela de las Américas en EE.UU., que se alineó con el chavismo alrededor de 2008 y consolidó la ideología bolivariana en las FANB, transformándolas en un pilar político del régimen.
Su permanencia, sugiere el texto, podría ser vista como un factor de estabilidad por actores externos (posiblemente estadounidenses), pero genera el riesgo opuesto al agravar la percepción de inmovilidad.
Contexto Histórico y Político
Para entender el artículo, es esencial contextualizar el rol histórico de las FANB en el chavismo. Desde la llegada de Hugo Chávez en 1999, las fuerzas armadas pasaron de ser un cuerpo profesional neutral a un ente ideologizado, con la creación de las Regiones Estratégicas de Defensa Integral (REDI) en 2008 y la Milicia Nacional Bolivariana como quinto componente. Bajo Maduro, Padrino reforzó esta “unión cívico-militar-policial”, incorporando doctrinas como “bolivariana, revolucionaria, zamorana, antioligárquica y antimperialista”.
Esta transformación hizo de las FANB no solo un defensor militar, sino un sostén organizativo del poder político, con cientos de generales (posiblemente hasta 2.000) frente a una tropa de unos 125.000 soldados.
La operación de EEUU del 3 de enero marca un punto de inflexión. En semanas previas, Maduro y Padrino proclamaban readiness defensiva, pero el ataque reveló fallos sistémicos: invasión aérea sin resistencia efectiva, capturas rápidas y bajas significativas. Esto no solo humilló a la cúpula, sino que expuso la dependencia de tecnología extranjera (rusa y china) y la ineficacia ante un adversario superior. En el nuevo escenario post-Maduro, el poder chavista se concentra en figuras como Diosdado Cabello y los hermanos Rodríguez, relegando a Padrino y cuestionando su utilidad.
El malestar económico mencionado encaja en la crisis venezolana crónica: hiperinflación, escasez y salarios bajos han erosionado la moral de la tropa, con oficiales buscando salidas en el sector privado. Esto se suma a un “generalato inflado”, donde la proliferación de altos rangos diluye la autoridad y fomenta clientelismo.
Análisis de Implicaciones
El artículo de Martín no es solo un reporte de descontento; revela fisuras en el núcleo del chavismo que podrían acelerar o complicar la transición venezolana. Primero, la demanda de rendición de cuentas tras el fracaso defensivo sugiere un quiebre en la lealtad inquebrantable que caracterizaba a las FANB. Si el “descontento brutal” se extiende, podría llevar a divisiones internas, como intentos de purgas o incluso sublevaciones, aunque las fuentes enfatizan discreción.
Segundo, la permanencia de Padrino como “intocable” (con una recompensa de 15 millones de dólares por EE.UU. por narcotráfico) plantea dilemas para la estabilización. El artículo hipotetiza que actores externos, como Washington, podrían preferir su continuidad para mantener equilibrio, pero esto ignora el riesgo de implosión interna. En un plan de reconstrucción estadounidense (mencionado en contextos relacionados), una cúpula desmoralizada podría obstaculizar reformas, como la desideologización de las FANB o la reducción de su tamaño.
Tercero, el énfasis en “oxigenación” refleja un problema estructural: la anomalía de un ministro con 12 años en el cargo rompe con tradiciones institucionales venezolanas, fomentando estancamiento. Esto podría alentar a generaciones más jóvenes de oficiales, posiblemente menos ideologizadas, a presionar por cambios, alineándose con una Venezuela post-chavista más democrática.
Sin embargo, el análisis debe ser cauto. Las fuentes anónimas podrían exagerar el malestar para influir en narrativas externas, y el chavismo ha sobrevivido crisis similares (como protestas de 2017-2019). Además, la desmoralización económica apunta a un problema sistémico: sin mejoras salariales y materiales, cualquier nueva cúpula enfrentaría desafíos similares.
Conclusiones
El artículo de María Martín captura un momento pivotal en Venezuela: el ocaso de una cúpula militar que fue pilar del chavismo pero falló en su prueba definitiva.
Al exponer el malestar por continuidad y falta de cuentas, subraya la necesidad de renovación para evitar inestabilidad. En un 2026 marcado por intervención externa y transición forzada, esto podría catalizar reformas profundas en las FANB, transformándolas de bastión ideológico a institución profesional. Sin embargo, sin relevos estratégicos, el riesgo de fragmentación persiste, complicando el camino hacia la estabilidad. Este reporte no solo informa, sino que invita a monitorear cómo el “tapón” en los cuarteles influye en el futuro político venezolano.


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