
Caracas/Washington, 19 de noviembre de 2025 – En un artículo que ha encendido el debate geopolítico en América Latina, el corresponsal del The New York Times Anatoly Kurmanaev examina la red de aliados de Nicolás Maduro ante la creciente amenaza militar de Estados Unidos. Titulado en su versión en español “¿Qué aliados tiene Venezuela? La amenaza militar de EEUU los pone a prueba”, el texto argumenta que, aunque es improbable que Rusia, China, Irán o Cuba salgan en defensa armada de Caracas contra un asalto concertado de Washington, estos adversarios del Tío Sam complican enormemente cualquier intento de derrocar al régimen chavista. “Es poco probable que ayuden a repeler un ataque, pero hacen que sea más difícil derrocarlo”, resume Kurmanaev, basándose en fuentes anónimas cercanas al gobierno venezolano y expertos regionales.
Kurmanaev, quien ha cubierto Venezuela y Rusia por casi una década, contextualiza su análisis en la Operación Lanza del Sur, el despliegue naval y aéreo más masivo de EEUU en el Caribe desde la Crisis de los Misiles de 1962. Con unos 15.000 efectivos, portaaviones y cazas Harrier simulando combates reales, Trump presiona por un “cambio de régimen” en Caracas, etiquetando a Maduro como “narcoterrorista” y duplicando la recompensa por su captura a 25 millones de dólares. Pero, ¿cuánto pesan los lazos de Maduro con el “eje antiimperialista”?
Cuba: El Guardián invisible contra golpes internos
El aliado más leal y discreto de Maduro es La Habana, que no aporta tanques ni misiles, sino expertise en represión y vigilancia. Según Kurmanaev, el presidente venezolano ha incrementado su escolta personal con guardaespaldas cubanos y ha ampliado el rol de oficiales de contrainteligencia de la isla en las Fuerzas Armadas Bolivarianas (FANB). “Maduro ve a los agentes cubanos como ‘experimentados e incorruptibles'”, cita el periodista a una fuente cercana al alto mando militar venezolano, que prefiere el anonimato por la sensibilidad del tema.
A pesar de su propia crisis económica –con colapso en servicios básicos y protestas internas–, Cuba exporta su “modelo de control político”. Decenas de miles de médicos y trabajadores cubanos sostuvieron los servicios sociales durante las huelgas masivas de los primeros años de Maduro, y hoy, su inteligencia ayuda a detectar disidencias en el ejército. “Cuba contribuye con lo que más valora: contrainteligencia”, enfatiza Kurmanaev, recordando cómo esto genera un clima de “miedo y paranoia” en las FANB, donde agentes cubanos y la Dirección General de Contrainteligencia Militar venezolana monitorean cualquier signo de traición.
Rusia: Apoyo retórico, recursos agotados en Ucrania
Moscú, el socio estratégico por excelencia, ha invertido miles de millones en Venezuela: desde misiles tierra-aire hasta sistemas S-400 para defender el espacio aéreo. Pero Kurmanaev, experto en el Kremlin, advierte que Rusia no arriesgará una confrontación directa con EE.UU. por Maduro. “Sus recursos y atención están atados en Ucrania”, explica en una entrevista complementaria con Meduza, donde cita el ejemplo de Siria: cuando su aliado clave, Bashar al-Assad, enfrentó amenazas existenciales, Moscú “se lavó las manos” y dejó caer el régimen.
El Kremlin ve retrocesos como el potencial colapso venezolano como “aceptables” si compensan una “victoria gloriosa” en Donbás. Aunque Putin ha elogiado públicamente a Maduro y vetado resoluciones anti-Caracas en la ONU, no enviará tropas ni aviones. En cambio, ofrece entrenamiento y armas –como los 150.000 efectivos de las FANB equipados con armamento ruso–, pero insuficiente para repeler una invasión yankee. “Rusia hace más difícil el derrocamiento, pero no lo impedirá”, concluye Kurmanaev.
China e Irán: Intereses económicos sobre lealtades militares
Pekín y Teherán completan el cuarteto, pero con límites claros. China ha suministrado radares y vehículos blindados para sofocar protestas, además de absorber deudas venezolanas por 60.000 millones de dólares en préstamos petroleros. Sin embargo, Beijing prioriza su estabilidad económica global y evita choques con Washington, que podría escalar a sanciones comerciales. “China no intervendrá militarmente; su apoyo es financiero y logístico”, señala Kurmanaev.
Irán, por su parte, ha sido vital para la industria petrolera chavista: ingenieros iraníes evitaron el colapso total durante la crisis económica, y Teherán ha entregado drones con misiles crucero y lanchas artilladas para patrullas costeras. Documentos internos de EE.UU., filtrados al Washington Post, revelan que Maduro busca más ayuda militar de Irán ante el buildup caribeño.
Aun así, Kurmanaev duda de un compromiso bélico: “Irán, como Rusia, está distraído por sus propios frentes –Israel y sanciones yankees– y no arriesgará una guerra proxy en América”.
La Prueba del Fuego: ¿Disuasión o Espejismo?
Kurmanaev cierra con una tesis cruda: estos aliados forman un “escudo blando” que complica una intervención de Trump –mediante inteligencia cubana que frena golpes internos, armas rusas que elevan costos y apoyo económico sino-iraní que sostiene la economía–, pero no un muro impenetrable. Venezuela mantiene uno de los ejércitos más grandes de Latinoamérica (150.000 miembros), con celdas civiles armadas para guerrilla urbana, pero su arsenal (drones iraníes, misiles rusos) palidece ante el poderío de Lanza del Sur.
“El régimen de Maduro no puede contar con que sus aliados lo salven de un ataque directo de EEUU, pero su red antiestadounidense lo hace más resiliente”, escribe Kurmanaev, urgiendo a Washington a priorizar diplomacia sobre fuerza. En un hemisferio tenso, con Colombia alertando de un éxodo masivo, el artículo pone el dedo en la llaga: ¿caerá Caracas por aislamiento, o sobrevivirá gracias a estos “aliados a medias”?



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