
Si algo se le ha reconocido a María Corina Machado a lo largo de su trayectoria política ha sido la coherencia de su discurso, aun cuando las decisiones operativas no siempre hayan sido las más fructíferas para su entorno. Una de las posturas que la definió durante años fue su insistencia en la necesidad del apoyo internacional para lograr la salida del régimen venezolano.
A principios del año pasado, esa tesis aún generaba miradas escépticas. Sin embargo, tras los acontecimientos del pasado 3 de enero, el panorama cambió drásticamente: Machado pasó del rincón de quienes apoyaban una tesis catalogada como «extremista» a ocupar el lugar reservado para las figuras visionarias. Tras ese hito, ya prácticamente nadie duda de que está llamada a liderar la reconstrucción institucional del país tras la salida del oficialismo del Poder Ejecutivo.
Su capacidad para tejer relaciones con actores globales de diverso signo le ha ganado un amplio respaldo internacional, abarcando tanto a demócratas como a republicanos en Estados Unidos. Sin embargo, en el entorno de la Casa Blanca, influyentes asesores del mandatario estadounidense han utilizado activamente las etiquetas de «socialista» o «socialdemócrata» para posicionarla desfavorablemente ante Donald Trump.
Lejos de reflejar la realidad ideológica de Machado, se trata de un encuadre táctico utilizado por sus detractores en Washington para restarle la empatía del ala más conservadora de la administración. Para fortuna de la causa democrática, la interlocución con el secretario de Estado, Marco Rubio, ha servido como un puente indispensable para aligerar tensiones.
El regreso a Venezuela
Pese a las reservas, es evidente que el gobierno de Estados Unidos se preocupa y cuida a Machado. En ese contexto, le han recomendado no regresar de forma precipitada a Venezuela para resguardar su integridad y para que no se convierta en un elemento que eleves las tensiones internas. Con ella fuera del país, Washington ha estado ejecutando un plan de tres fases, que Machado apoya, pero con fuertes reservas por la participación del chavismo en el mismo.
- Estabilización: Garantizar la gobernabilidad inicial manteniendo temporalmente a figuras clave del poder de facto (el triunvirato de los Rodríguez y Diosdado Cabello).
- Recuperación: Diseñada para la reactivación económica, la atracción de inversión privada en sectores estratégicos (energético y eléctrico), la reconciliación nacional y la liberación masiva de presos políticos.
- Transición política: La etapa actual, centrada en la reinstitucionalización y el restablecimiento del marco democrático.
Aun así, Machado ha estado muy activa trabajando por la causa venezolana. Durante las dos primeras fases, a nivel internacional intensificó su ofensiva diplomática. Y a nivel interno, con la cumbre de Panamá, fue proclamada máxima líder de la oposición y vocera principal del bloque democrático de cara a las futuras presidenciales.
En momentos críticos, Machado no ha dejado de insistir en su retorno a Venezuela. Así lo demostró durante la emergencia nacional provocada por el doble sismo que sacudió al país, una oportunidad en la que el propio Donald Trump respaldó su idea de regresar. Tras el anuncio público de Machado, la expectativa popular se disparó, encendiendo las alarmas del régimen de Delcy Rodríguez. Sin embargo, el chavismo desplegó de inmediato trabas operativas que terminaron forzando a la líder a declinar su retorno. Aunque su ausencia en un momento tan adverso buscaba protegerla, no concretar el regreso implicó un costo real en la percepción de su habilidad estratégica, perdiendo lo que pudo haber sido un golpe comunicacional contundente.
El nudo gordiano: la AN2015 y la mesa de negociación
Entre junio y julio de 2026, el secretario Rubio anunció el paso a la tercera etapa: la transición política. Para otorgar seguridad jurídica a los planes de reconstrucción, la diplomacia estadounidense fijó su mirada en la Asamblea Nacional de 2015, el último órgano legislativo con reconocimiento internacional.
Bajo la vocería de Dinorah Figuera, última presidenta de la AN2015, Washington encomendó a una comisión de parlamentarios de dicho órgano la tarea de negociar con el poder de facto. El mandato incluye la renovación del CNE, la reestructuración del TSJ, la fijación de un cronograma electoral, la revalidación de partidos políticos y el restablecimiento de la libertad de prensa.
La reacción de Machado ante esta iniciativa no fue favorable por la falta de consulta previa. En un esfuerzo por conciliar, se le extendió la invitación para que designara cuatro diputados adicionales a dicha comisión.
Sin embargo, tras fallidas negociaciones internas en Bogotá sobre los nombres a postular, Machado decidió declinar la participación y emitió un comunicado conjunto con Edmundo González manifestando que no formarían parte de la mesa, aunque tampoco obstaculizarían sus avances.
Esta decisión ha encendido las alarmas. Lejos de consolidar la cohesión en torno al liderazgo unitario, el vacío dejado ha alimentado divisiones y permitido que sectores dispersos promuevan agendas paralelas —desde llamados a la desobediencia civil y paros petroleros hasta marchas apresuradas— que solo incrementan la incertidumbre ciudadana.
La necesidad de entender el tablero y corregir la táctica
El ciudadano común no le exige a María Corina Machado que sea infalible, pero sí espera una comprensión profunda de la dinámica política en Washington y de la estrategia que ejecuta Marco Rubio.
A todos nos gustaría ver a Machado asumiendo la presidencia de inmediato. Sin embargo, la realidad indica que, si asumiera en las condiciones institucionales actuales, el oficialismo en la oposición se reunificaría de inmediato.
Apoyados por la izquierda regional e internacional, desatarían una estrategia de desgaste acelerado: demandas sociales irrealizables, paros, sabotaje desde gobernaciones y alcaldías, recursos de invalidez ante el TSJ y violencia en las calles.
No se trata de un simple bloqueo administrativo, sino de una trampa política diseñada para generar ingobernabilidad sistémica. Y bajo la presión del caos, la propia sociedad venezolana podría verse empujada a desear el retorno del esquema anterior.
En el peor de los casos, el país terminaría hundido en un conflicto interno asimétrico. Por ello, la insistencia de la administración estadounidense en sanear progresivamente las instituciones antes de un proceso electoral no es un capricho: es una necesidad logística y de supervivencia política.
Por otra parte, la firmeza de principios no debe convertirse en parálisis táctica. No participar en la mesa de negociación convocada a través de la AN2015 no debilita la legitimidad de la contraparte; simplemente margina la voz del liderazgo mayoritario.
La crítica no surge por hacer concesiones a la AN2015, sino por renunciar a ese espacio. Usarlo como plataforma de presión y monitoreo habría evitado dejar el terreno libre a otros para decidir el rumbo de las instituciones.
En resumen:
- Ausentarse de las mesas de decisión no le resta legitimidad al rival; simplemente deja la silla vacía.
- Fomentar la confrontación o la distancia con la AN2015 distrae a las fuerzas democráticas del verdadero objetivo y solo beneficia al oficialismo.
- La ambigüedad estratégica genera vacío de poder y da pie a aventuras políticas aisladas que frustran a la gente.
Apoyar el liderazgo de María Corina Machado no significa caer en un fanatismo ciego ni renunciar a la autocrítica. Reconocemos en ella a la figura central de este proceso y, precisamente por ello, le exigimos la máxima sagacidad táctica.
Errar es parte de la condición humana; rectificar a tiempo es la mayor muestra de inteligencia y estatura política.
Es momento de recalibrar la estrategia, priorizar el pragmatismo unitario y aprovechar todos los tableros disponibles antes de que la fragmentación vuelva a postergar el cambio que Venezuela requiere.
María Corina Machado es nuestra líder y la futura presidenta de Venezuela. Por eso mismo, necesita nuestro apoyo y protección, no nuestra adulación. La mejor forma de respaldarla es aportando ideas que le permitan corregir el rumbo cuando sea necesario, especialmente frente a un entorno de asesores que solo le repite que todo marcha a la perfección.



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