
Los testimonios de algunos acusados han sido una valiente y contundente denuncia contra los directivos y altos funcionarios de estos dos organismos represores.
Tal es el caso de los hermanos Ranieri, del estado Mérida. Todos, en la Ciudad de los Caballeros, conocen el restaurante La Campana y la discoteca-restaurante Brangus. El primero abrió sus puertas hace más de 50 años; el segundo, algunos años menos. En consecuencia, ninguno ha sido producto de negocios con el gobierno venezolano —que tiene 27 años—, sino del trabajo arduo del «viejo» Ranieri, digno ejemplo del migrante italiano de la posguerra que llegó a nuestro país a trabajar honradamente, a echar raíces y a formar una familia.
Sin embargo, los Ranieri fueron involucrados en este caso Pdvsa-Cripto sencillamente por su vieja amistad con El Aissami.
Lo más grave del asunto es que ambos establecimientos fueron reabiertos por un oficial militar de la DGCIM y están facturando con estos bienes que le fueron expoliados a esta honorable familia. Se trata de un vulgar robo por parte de este funcionario, quien fue denunciado con nombre, apellido y rango militar en pleno juicio.
La lista de despojos es extensa. Ya saldrán a la luz los demás robos perpetrados durante los allanamientos por directivos y comisarios del SEBIN.
Por Émile Zola
E-mail: SoyEmileZola@gmail.com
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